El sector del peronismo porteño que apoya a Néstor Kirchner apura una definición de Aníbal Ibarra en el proceso de peronización que el jefe de Gobierno parece estar dispuesto a concretar sumándose a la tropa del gobernador de Santa Cruz. Esa mutación, de uno de los dirigentes del Frente Grande que no proviene del PJ, creen que no debe demorar más de 15 días. Por eso los grupos neokirchneristas de la Capital Federal planifican un acto especial que oficie de ingreso formal de Ibarra al peronismo duhaldista. Se lo ofrendarán a su candidato a presidente dentro de dos semanas y esperan que Kirchner e Ibarra compartan el palco. Será ése el último plazo para definir si finalmente el jefe porteño está dispuesto a dar la cara en la campaña del postulante de Duhalde.
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Ibarra ya tuvo varias reuniones en ese sentido. Empezó con Eduardo Duhalde, incluso, y pasaron por su despacho desde Alberto Fernández -principal puntero del santacruceño en la Capital-hasta los armadores de la candidatura de Rafael Bielsa a jefe de Gobierno de la Ciudad, un adherente definido de Kirchner.
A todos les pidió tiempo. La atracción mutua que se despertaron en el último tiempo Duhalde e Ibarra la intenta capitalizar el kirchnerismo para contar, en el segundo distrito en importancia del país, con un candidato viable para el electorado porteño que dé muestras de «renovación» en esa campaña de la que habla el PJ duhaldista.
Para Ibarra es el encuentro de un paraguas que lo contenga en su aventura reelectoralista para la cual no tiene nada concreto para llevar al cuarto oscuro hoy. Así empezará sus tareas de campaña reelectoral ya en marzo -como si no la hiciera desde el propio gobierno.
Dentro de su gabinete, avanzará el ex vocero de Duhalde, Jorge Telerman, actual secretario de Cultura, quien ayer comprometía su presencia al acto que hoy hará Kirchner, donde estará por ejemplo Gustavo Béliz, otro candidato a jefe de Gobierno ferviente opositor a Ibarra.
• Indefinición
El frentista querrá, antes de sumarse a esa cruzada del peronismo, que le garanticen que será el candidato a jefe de Gobierno de Kirchner. Sin embargo, el santacruceño no tiene definido a quién apoyará en ese caso, ya que también lo seduce la intención de voto de Daniel Scioli, a quien se mencionó como su acompañante en la boleta electoral. Bielsa tampoco declinará su candidatura por un partido del distrito que armó para disputarle la silla a Ibarra.
Si en cambio el jefe de Gobierno termina sellando la nueva alianza con el pacto de que será el candidato porteño, el bielsismo estaría dispuesto a acomodar a su postulante en algún otro cargo electivo. Scioli en cambio seguiría con su candidatura dentro del PJ porteño.
• Alternativas
Cuando Ibarra deshoja su margarita, se encuentra con que:
La alianza con Kirchner le hará perder el apoyo del socialismo, que si bien no es demasiado, le restará puntos en la elección a la que el PS irá con Norberto La Porta como candidato a sucederlo. Ya anticipó el secretario general de ese partido unificado, Oscar González, que se cortarían las conversaciones con el Gobierno de la Ciudad, en caso de que se sume al gobernador de Santa Cruz.
El radicalismo de Terragno, que comparte la gestión de la Capital Federal con Ibarra, también lo podría abandonar. En ese caso son votos esenciales en la Legislatura.
Desarmaría de este modo la coalición que lo llevó al poder.
Ibarra quiere contener a todos esos sectores y también al kirchnerismo, con la idea de no definirse a nivel nacional, pero que todos aporten a su reelección al margen de a quién voten a presidente (Terragno, Kirchner, Carrió...).
Si Kirchner hiciera una buena elección en Capital Federal -aun perdiendo la nacional-podría apadrinar a cualquier candidato para el distrito porteño, no necesariamente a Ibarra. El cuarto oscuro se celebraría en julio, según planifica por ahora Ibarra.
Con una elección porteña así nacionalizada, el jefe de Gobierno no podría pasar la campaña sin tomar posición con respecto a un candidato presidencial.
Llegar al cuarto oscuro sólo con lo que le queda del Frente Grande, un radicalismo debilitado tras las bochornosas internas nacionales y un puñado de socialistas, lo deja la frente de un remedo de la Alianza a nivel local.
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