Como estaba previsto, el pacto entre Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez llegó a su fin: Botnia ya empieza a funcionar (lo anunció el gobierno de Montevideo). Pasaron las elecciones en la Argentina, el Uruguay hizo su favor, también la empresa privada -nadie convulsionó la candidatura de Cristina de Kirchner, entonces-, y comenzará a echar humo la pastera. Y los pobladores de Gualeguaychú -junto con otros ambientalistas amenazan con entrar en beligerancia. Sólo prosperó la política de la demora, jamás la solución. Puede derivar en un conflicto entre ambos países (ya hubo escaramuzas), mientras el puente cortado pronto cumplirá un año. Primer país que no sabe para qué gasta dinero en puentes.
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