Inoportuno, Alfonsín hizo más daño al pedir otro gabinete
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Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa
• El ex presidente se internó en las últimas 48 horas en su oficina del Comité Nacional (usa el área presidencial en la Casa Rosada cuando Mario Losada reemplaza en viajes a De la Rúa y lo deja acomodarse en esas estancias) para redondear el mensaje que repite desde hace años: todos juntos en un gobierno de coalición que elimine las peleas. Una especie de PRI sin excluidos, salvo los obvios. En este caso Domingo Cavallo, sobre cuya suerte Alfonsín tiene un diagnóstico terminal.
• La quimera es ahora un gabinete con peronistas y sindicalistas que expulse a los cavallistas y enfrente a los mercados desde un piquete de políticos. Al son de «¡Aguante la política!» (lema de una nota de ayer en «Clarín»), el ex presidente despierta sonrisas incitando a De la Rúa a que llame como ministros, por caso, a los Daer o Moyano, que adhieren al piqueterismo, o a un Ruckauf o un Duhalde, que medran desde hace rato con el deshilachamiento sin fin del gobierno aliancista.
• Alfonsín, que ve humo en la casa de sus vecinos, dice: «Tengo otra alianza, tengo otra unidad que le permitirá al Presidente la fortaleza que la alianza con la que gobierna no le da».
Desde que dejó la gestión en 1989, Alfonsín desarrolló un estilo de hacer política para reconstruir el germen del fenómeno que lo llevó a la presidencia en 1983: convertirse en el eje de todas las expectativas.
Despegar así al presidente de su gestión pondría a toda la primera división de la política argentina en el banco de ser, en cualquier momento, jefe de Gabinete de cualquier gobierno.
¿Por qué él no podría serlo de un Carlos Menem?, llegó a soñar ante algunos aprietos de su sucesor. ¿Por qué no serlo también ahora de un De la Rúa?
El empujón que le dio a esta idea es un armado con chatarra política de oportunidad:
• Cavallo actuó como un primer ministro de Menem y Alfonsín ve que, si le llega a ir bien, vuelva a serlo de De la Rúa. La hondura de la crisis y la actuación de Chrystian Colombo como bombero calificado se lo han evitado hasta ahora. La razón por la que sigue manteniendo charlas, casi diarias, con el jefe de los ministros no sólo es su vieja amistad; se cree forzado a sostener su gravitación para que Cavallo no se convierta en el verdadero cacique del gabinete.
• El titular de Economía le ha dado razones para tal prevención. Desde que asumió, le imprimió a su gestión el carácter de una permanente ronda de consultas para acumular poder. Era el hombre que había competido con De la Rúa en las elecciones de 1999 y sacado 10% de los votos. Ahora debía recomponer alguna legitimidad para compensar la que había perdido el radical al llamarlo. Por eso Cavallo pidió los llamados «superpoderes» al Congreso y también por eso, en la última ley (déficit cero), logra hasta que sus medidas no puedan ser volteadas por amparos judiciales. Se dice es la «gran Liendo» que consigue para saciar su rencor con los magistrados y la Justicia.
• Alfonsín se siente definitivamente apartado de la alianza De la Rúa-Cavallo. Por esa razón se montó en una semana a la movida de sus socios y a la vez adversarios en su territorio (Bs. As.) para reflotar la vieja sociedad de convivencia con el peronismo. Su llamado al gabinete de unidad nacional -viejísima bandera- lo empapa ahora con los acuerdos que cerraron Federico Storani con Carlos Ruckauf y Leopoldo Moreau con Eduardo Duhalde.
• En sucesivas reuniones los caciques del peronismo provincial lograron el apoyo de la Legislatura, que dominan los radicales, para los ajustes en el Presupuesto. Especialmente la transferencia de la deuda «incobrable» del Banco Provincia a la Tesorería de Jorge Sarghini, como una manera de salvar a la entidad de otro trance.
• A cambio de esos apoyos, el PJ del bloque de diputados nacionales permitió el tratamiento de la Ley del Déficit Cero en esa cámara. El acuerdo se trizó en el Senado -la colaboración bonaerense hacía menos falta con tanto peronista de otras provincias dispuesto a habilitar esa sanción- cuando el legislador Jorge Villaverde se ausentó y Antonio Cafiero se negó a irse del recinto y votó por el No pese a un llamado de madrugada que le hizo Duhalde desde Marbella.




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