Eduardo Duhalde siguió ayer sobreactuando su rol de presidente: fue a la Cámara de Diputados y presentó el pedido de que le acepten la renuncia por anticipado al 25 de mayo de 2003 y que se le dé rango de ley al llamado a elecciones presidenciales del 30 de marzo. Un gesto que buscó escenario, pero que lo castigó en su exceso: el auto que lo retiró del Palacio Legislativo fue atizado por los huevazos de los infaltables activistas. Siempre el pedido, tanto que los legisladores se apuran hoy a votar la aceptación de esa renuncia, como si le tomasen la palabra para que no cambie de idea.
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