29 de marzo 2004 - 00:00

Intentan hoy evitar acefalía (y que se vote)

Los Fernández (Alberto y Aníbal) se ocuparon hasta la noche de ayer de auditar el vaciamiento de la cúpula del partido y Kirchner tenía ya sobre la mesa las renuncias de Felipe Solá, José Alperovich, que se sumaron a las de Mario Das Neves y Sergio Acevedo, conocidas el mismo viernes de Parque Norte. Hoy estarán en Capital Federal, pero con la renuncia frenada, los gobernadores Eduardo Fellner, José Luis Gioja y Gildo Insfrán, socios de Olivos, para buscar alguna negociación con José Manuel de la Sota.

Todos han escuchado el diagnóstico de Eduardo Duhalde: «Esto tiene solución, pero nada así se arregla en caliente.Además, el Presidente está abrumado por los temas de gobierno y no está para atender estas minucias del partido. Nuestra obligación -termina el dictamen de Lomas- es evitar que esta pelea perjudique la gestión de gobierno».

El jefe de Gabinete se comunicó la noche del sábado con Solá, que estaba en el campo familiar de la localidad de 25 de Mayo, para agradecerle el gesto. Escuchó los mismos argumentos que había oído del gobernador el santacruceño Acevedo en un aparte de Parque Norte: «Si no se va a poder discutir nada y van a prohibir el uso de la palabra, yo no quiero estar en esta conducción». Nunca le dieron a Solá el uso de la palabra para expresar eso públicamente. Por eso, como los demás renunciantes, deberá cursar la resignación al aún presidente, Fellner.

Cerca de la medianoche del sábado, Solá se lo comunicó también a Duhalde, que permanecía en Lomas de Zamora. El ex presidente le contestó: «Qué reflejos», algo que pareció un elogio, aunque poco entusiasta.

En la mañana de ayer, la ronda telefónica había sumado más bajas, por caso las de Ramón Puerta (estaba en Misiones), Daniel Scioli (en un campo de Miramar, se comunicaba por un satelital), y en Olivos se festejaba que habían quedado en la vereda de enfrente sólo José Manuel de la Sota y Carlos Juárez (arrinconado por la amenaza de intervención a Santiago del Estero).

Lo que nadie acertaba anoche era advertir un rumbo a los acontecimientos:

Unos creen en un plan maestro del Presidente para sincerar su pelea con un peronismo de rostro inhumano -el que se vio en Parque Norte- y halagar así al público para el que trabajan todos los presidentes, el de la Capital Federal, que rechaza al peronismo y sus coreografías violentas. Según esta percepción, el gesto del Presidente se agota en la ruptura y no prevé una negociación para una nueva cúpula del partido que se enfile detrás de sus proyectos, que parecen en este terreno impulsos que surgen de su principal aptitud, la semiología o capacidad de percibir el efecto de las señales en la opinión pública que le describen las encuestas. Eso explica el énfasis que le puso Kirchner en sus charlas privadas del fin de semana al agravio personal. «No puede ser que insulten a mi mujer. ¿Cómo me van a explicar que me apoyan si insultan a mi gente?», etcétera. Ese ánimo describe la intención de Kirchner frente al partido, disciplinarlo o romper con él.

• Otros -como Duhalde lo hizo conocer ayer a quienes jugaron con él al tenis en Lomas de Zamora- entienden que es posible evitar la ruptura, salvar la cúpula de Parque Norte y evitar que la Justicia les haga cumplir la Carta Orgánica y fuerce a una elección de nuevas autoridades por el voto directo de los afiliados. Kirchner, según la percepción de Lomas de Zamora, no quiere una ruptura con el PJ formal y lo demuestra por sus esfuerzos por apoderarse del PJ Capital. El estallido de Parque Norte se debe apenas a un exabrupto de un grupo de congresales, que resultó mayoritario y frustró el consenso que también prevalecía entre los gobernadores, según se había acordado la semana en dos reuniones en Córdoba y en Buenos Aires.

• Eso explica que anoche, tras una ronda telefónica con Kirchner y por su lado con Duhalde, el trío que integran Fellner, Gioja e Insfrán decidiera no renunciar a sus cargos, desembarcar hoy en la Capital Federal y buscar la manera de salvar el control del partido. Lo que ese grupo busca evitar es que el partido caiga en situación de acefalía -como acaba de ocurrir en la Capital Federal- si un afiliado se presenta ante la Justicia y la jueza Servini de Cubría termina designando a un interventor judicial. Es difícil que ese interventor no termine siendo charlado entre la jueza y el gobierno pero igualmente difícil es que no deba terminar convocando a lo que Duhalde intentó evitar en Parque Norte, que el PJ convoque a una elección directa de los afiliados de la nueva cúpula del partido.

• Si Fellner y el operador
Juan Carlos Mazzón logran frenar el alud de nuevas renuncias (anoche se mantenían en sus puestos Insfrán y Gioja; lo intentarán sobre los vocales Puerta y Scioli), su intención es recomponer lo que queda de la conducción del PJ y tentar lo que pocos creen posible, que Kirchner autorice una nueva cúpula negociada, con gente de él o con hombres disciplinados bajo su dirección. El programa mínimo es que el PJ, para lo que sea necesario, sea manejado por ahora de nuevo por la CAP (Comisión de Acción Política), con Fellner de presidente formal del partido y Eduardo Camaño como secretario. Ese grupo mantendrá en estado vegetativo al partido hasta que el cronograma electoral haga necesario algún tipo de actividad. Ese formato es el que mejor parece cuadrarle a Kirchner y es el mismo que armó Carlos Menem cuando era presidente y limitaba la actividad partidaria a las visitas que le hacía los martes por la mañana el entonces presidente, Antonio Cafiero.

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