1 de julio 2005 - 00:00

Internismo lleva a Kirchner a tener un Congreso más débil

En el oficialismo ya nadie habla de plebiscito al referirse a las elecciones de octubre. Es lógico. De la euforia se pasó a cierta depresión que tal vez exagere las dificultades con las que se encuentra Néstor Kirchner en las horas frenéticas de los cierres de listas.

El primer problema que justificaba anoche cierta desazón oficial fue el cortocircuito que estalló en el sistema de decisión presidencial. La pretensión de ejercer un control directo en todas las listas que representen al oficialismo demostró limitaciones severísimas. Por un lado, porque se trató de una pretensión ilusoria: era imposible suponer que Kirchner, apenas acompañado por Alberto Fernández, tendría la capacidad necesaria para un armado federal que terminó transformándose para ellos en un laberinto endiablado. Ni siquiera se puede pretender que conozcan el número de dirigentes necesarios para completar esta tarea, cuando ninguno de los dos tiene un recorrido demasiado extensoen la profesión. Por eso se sirvieron de las habilidades de Juan Carlos Mazzón, quien ya tributó su conocimiento del PJ del interior, con dispares resultados, a Carlos Menem y a Eduardo Duhalde.

• Operaciones

Por otro lado, el tipo de listas que viene auspiciando la Casa Rosada: está demostrado que Kirchner sólo se siente seguro comandando un grupo que lo siga de manera casi incondicional. Esto lo llevó a una cantidad de operaciones electorales destinadas a armar nóminas de fieles, aun a costa de dividir a su partido en distritos donde la dirigencia justicialista le venía prestando servicios con bastante disciplina. Es el caso de Jujuy, por ejemplo, donde al verticalizado Frente para la Victoria de Eduardo Fellner (quien debe enfrentar en la interna al menemismo de Alberto Tell) se le abrió una vertiente: el Partido para la Victoria, con su vicegobernador Héctor Daza. En Catamarca, Misiones, Salta, Tierra del Fuego o Neuquén anoche se verificaban situaciones similares: es decir, por armar el «kirchnerismo» en el orden nacional y conseguir 50 manos de hierro en Diputados, Kirchner terminó erosionando la base de su propio partido en varias provincias importantes. La consecuencia directa es que en el bloque de diputados que se forme, habrá muchos alineamientos automáticos, pero también numerosas adhesiones a regañadientes, de diputados peronistas que llegan a su banca después de triunfar frente a la oposición tradicional de su provincia, pero también sobre las listas armadas por el Presidente.

Habrá que ver cómo les va a estas formaciones kirchneristas en las elecciones de octubre. No le vendría bien al gobierno que, allí donde decidió ofrecer listas excluyentes, se lo mida por la performance ofrecida por esas vertientes propias.

Sería una picardía tan inverosímil como la de sumar a todas las especies del PJ para presentar el resultado como un plebiscito apócrifo.

Estas peculiaridades de la ingeniería electoral de Olivos llaman la atención aun sin detenerse en fenómenos verdaderamente inquietantes como los que suceden en la Capital Federal, Santa Fe o Buenos Aires. En el primer distrito, el gobierno gastó una energía sorprendente para hacer el lifting de un PJ que ahora queda oculto tras una lista de extrapartidarios, como la que encabezan Rafael Bielsa y la neodesarrollista Mercedes Marcó del Pont. El canciller aporta su propia excentricidad y manifiesta postularseno porque le guste, sino porque cumple órdenes.

En Santa Fe, el panorama es más dificultoso todavía para Kirchner. Allí la hermana del canciller ni siquiera cumple órdenes. Horacio Rosatti, el ministro de Justicia, aclara que jamás se bajó de una candidatura a la que sólo lo subieron las operaciones de prensa nacidas de la gobernación provincial. Resultado: Kirchner carece de candidato en el tercer distrito del país. Alberto Fernández lanzó la última bengala hacia la transversalidad elogiando a Hermes Binner ayer, pero el socialista ya dijo que «el proyecto de Kirchner es hegemónico» y, por lo tanto, ajeno.

• Estudio especial

Lo de la provincia de Buenos Aires requeriría de un estudio especial para que aparezca una explicación medianamente aceptable. Después de exagerar sus disidencias con Duhalde, a quien irritó capturando intendentes y declarando (al mismo tiempo) «el fin de la vieja política», Kirchner debió aceptar que el ex presidente haga una demostración de manejo del aparato que dejó desconsolado a Felipe Solá y, para completar el cuadro, se prepara para recibir a su antiguo padrino en Olivos para «una negociación que no parezca un acuerdo».

Mientras tanto, Duhalde sirvió la mesa del pacto levantando la apuesta: anoche postuló a su esposa en compañía de José María Díaz Bancalari, nada menos que el presidente del bloque peronista en Diputados. Toda una ironía acerca de quién maneja al oficialismo.

El método K promete destilar para las próximas elecciones una oferta electoral atravesada por contradicciones internas, hija en muchos casos de las presiones y del arrinconamientodel poder central. Se requerirá un clima de mucho optimismo, sobre todo en los indicadores económicos, para hacer de ese mosaico un bloque. Sobre todo para hacer frente a un período legislativo que promete gran dinamismo, si se tiene en cuenta que en las bancas del Congreso estarán Elisa Carrió y Carlos Menem, Luis Barrionuevo y Ricardo López Murphy, Adolfo Rodríguez Saá y Dante Camaño, Hermes Binner y Mauricio Macri. Todavía no está claro, del elenco que está armando Kirchner, quién enfrentará a esa armada opositora.

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