Con una escueta nota de tres párrafos, el ex ministro de Justicia Alberto Iribarne liberó a Cristina de Kirchner de seguir embretada en el conflicto por la embajada argentina en el Vaticano: expresamente, le pidió que lo libere de ser diplomático en ese destino.
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El texto, fechado el 19 de agosto -pero que fue enviado ayer a Casa Rosada-, fue redactado al cumplirse exactamente ocho meses desde que, el 19 de diciembre pasado, el gobierno solicitó el placet de Iribarne como embajador ante la Santa Sede. La comunicación le soluciona al gobierno la posibilidad de discutir otro nombre, salvando el rostro del designado. No se descarta que esa carta la haya reclamado el gobierno a Iribarne.
«El largo tiempo transcurrido desde entonces, sin respuesta al pedido de plácet formulado, ha motivado que fuera asumiendo responsabilidades políticas y profesionales que me imposibilitan representar al país en el exterior», dice la nota enviada por Iribarne.
Precisa, en otro párrafo, que «ha sido para mí un gran honor personal el ofrecimiento que usted me hiciera para representar a la República Argentina ante la Santa Sede». Esa designación, se sabe, no se produjopor rechazo del Vaticano a la condición de divorciado del ex ministro.
Al final, Iribarne le eleva el pedido a la Presidente. «Le solicito me libere del compromiso que asumí en oportunidad del referido ofrecimiento.»
Asunto pendiente
El caso Iribarne es uno de los asuntos pendientes entre el Vaticano y la Casa Rosada, en el marco del conflicto que mantiene hace tiempo el gobierno de los Kirchner con la Iglesia local, comandada por Jorge Bergoglio.
El otro asunto refiere a la designación,todavía pendiente, del obispado castrense que debería ocupar el lugar que dejó libre Antonio Baseotto. Hay una terna en análisis, pero, en paralelo, ronda por el Senado un proyecto del oficialismo para suprimir el cargo.
La reacción de Iribarne, que se entrevió a principios de año cuando el Vaticano dejó trascender extraoficialmente que no aceptaría su designación, coincide con un hecho puntual: la cita de obispos.
Desde el martes sesionan los obispos y, más allá de matices y críticas, existiría voluntad de la Casa Rosada de recomponer la relación con la Santa Sede. El paso al costado de Iribarne facilita, en principio, los movimientos que pueda hacer la Presidente.
Casualidad o no, se presume que sin pretensiones ni búsqueda de protagonismo, la dimisión del dirigente porteño -hoy está a cargo del Instituto de Formación del PJ de la Capital, que preside Alberto Fernández-se produjo a pocos días del 22 de agosto, día del renunciamiento de Evita.
Ayer, en Casa Rosada, elogiaban el gesto de Iribarne. Trataban, además, de despegar ese hecho de la cercanía política que el ex ministro mantiene con Alberto Fernández, quien recién hace unos días volvió, escuetamente, a retomar el diálogo con Néstor Kirchner.
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