23 de septiembre 2004 - 00:00

Isabel de Macri copia la moda impuesta por Cristina

Nueva moda: las faldas en la política. Nunca -antes de Néstor Kirchner- una mujer participó tan activamente del gobierno (ni siquiera Eva Duarte, a pesar de su influencia). Cristina Fernández, como se sabe, participa de la «mesa chica» nocturna -una suerte de estado mayor de los civilescon su marido en Olivos, en la que incluyen a Carlos Zanini (un abogado que le aconseja lo que debe o no firmar, aparte de escribir algún discurso) y, bastante a menudo, el tumultuoso algo más que número dos de la SIDE (por sus manejos de las partidas « extrapresupuestarias»): Francisco «Paco» Larcher. Seguramente más pesó el de la señora que el de otros consultados como Alberto Fernández o Julio De Vido, de confianza habitual del Presidente. Fenómeno capitalino: en Santa Cruz, cuando la «mesa chica» de Kirchner cerraba el Hotel de Comercio para deliberar, Cristina ni siquiera se acercaba, más bien --cuando estaba-atendía a los chicos.

No es comparable el rol de la senadora con el de Chiche Duhalde frente a su esposo Eduardo: éste no la incluye nunca en la «mesa chica» (hoy bastante renovada, por otra parte), aunque nadie niega que la voz de la mujer resuena más que cualquier otro barítono bonaerense en la cabezadel hoy embajador argentino en el Mercosur. Tampoco Karina Rabolini, por actividades empresarias, se integra en la «mesa chica» de Daniel Scioli, pero ella entra y sale como ninguna otra mujer de vicepresidente. Quien sí se involucra y decide en otra «mesa chica» es Isabel Menditeguy, la esposa de Mauricio Macri, quien sin visitar a la misma modista de Cristina de Kirchner ha copiado estilo y personalidad al menos en el frente interno.

• Intervenciones

Y ella, generalmente los martes, habla y critica en los encuentros de su marido con su primo Jorge (hijo de Tonino), Eugenio Burzaco, Horacio Rodríguez Larreta, el consejero de imagen Mateo Goretti, Nicolás Caputo (se ocupa de todo menos de política) y, en ocasiones, el veterano de la política Juan Pablo Schiavi. A éste, en ese grupo, no le va demasiado bien: ella, Isabel, le imputa la derrota de su marido en la Capital por no haber armado bien las listas. Y su palabra, por supuesto, vale; sea por portación de apellido o por sostenerse en cursos de ciencia política -no es cuestión de que la admiren sólo por la belleza-que realizó en la Di Tella, donde naturalmente no explican cómo se logran los votos.

Dama flamígera, de la política también, la Menditeguy inquieta al entorno y hasta persuade a su marido: se asegura que, algo escandalizada por las andanzas de éste con el duhaldismo bonaerense, parece que ya lo convenció de que renuncie a esa aventura (con lo cual satisfará a dirigentes macristas de Buenos Aires que, hace 48 horas, se aparecieron en la calle Chacabuco para increpar duramente a Burzaco y a Rodríguez Larreta por no arrancar a Macri de las tentaciones de Duhalde). Nadie piense que ella, por esa oposición al ortodoxo PJ, se derrite con los liberales; al contrario, cree que Ricardo López Murphy es «un talibán de los mercados». Lectura de universidad, claro.

Por lo visto, a Macri no le faltan consejos, casi como a Kirchner. Pero su propio mundo porteño -a pesar de estos sostenes intelectualeshoy está en problemas: como ocurre con otras fracciones políticas de la Legislatura (de Zamora a Bonasso), su agrupación está al borde del cisma. La próxima semana será clave: hay quienes se disponen a emigrar y piensan que el aumento oficialista de la planta de personal en 2.000 personas, convalidado por Macri, es parte de una negociación o repartija (se trata de unos 1.500 «enanitos verdes» o agentes ambientales y unos 500 ayudantes de portería, gente que muchos consideran los «ñoquis» de esta década o de la nueva política). No es la única queja: le atribuyen a Macri (quien, se afirma, se ocupa más de Boca que de política), Santiago de Estrada y Rodríguez Larreta el apartamiento de algunas votaciones clave -aceptar expropiaciones, por ejemplo-porque al atribulado candidato sólo le interesa la baja de impuestos, la reforma del código contravencional y el voto electrónico. Quizá se calmen estos disidentes si Macri, finalmente, acepta las sugerencias de su mujer Isabel y regresa a la Capital para reagrupar su tropa. Aunque esa decisión tal vez lo aleje del primer premio al que aspira en 2007 -la candidatura a Presidente-, y se resigne al más doméstico concurso de la Jefatura de Gobierno porteña.

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