Alberto Iribarne y su reemplazante, Luis Tibiletti, en el Salón Blanco de la Casa Rosada. El "garantista" se desempeñará como secretario de Seguridad Interior.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El ministro del Interior no ha de estar cómodo con estas intromisiones. Su relación con la Policía Federal cobija cuestiones delicadas: desde el escándalo por drogas que se destapó en el Noroeste, cuando una camioneta manejada por personal policial tuvo un accidente que sirvió para que se descubriera que portaba un cargamento de drogas, hasta los pliegues de la «causa Cromañón», donde aparecieron algunas irregularidades difíciles de explicar, como los negocios de personal de bomberos que Fernández debió, discretamente, desplazar. ¿Habrá que explicarle a Tibiletti ahora los límites de su mando? ¿O este inquisidor no entenderá de complicidades y avanzará con todo en plena campaña electoral? Interrogantes que inquietan y eso que ni se rozaron las relaciones con la Gendarmería y el control de la frontera en la Mesopotamia, sobre los cuales Kirchner ya recibió varios informes.
Tibiletti todavía no se instalóen la sede de Gelly y Obes, en el edificio que Alberto Dodero le regaló a Eva Perón y donde los milicianos de la Revolución Libertadora decían haberse encontrado con la adolescente Nelly Rivas, a quien Perón había alojado en esa residencia en la que ahora el secretario de Seguridad cuenta con un departamento bastante cómodo. «Habladurías de gorilas», dirá Tibiletti, un «33» ortodoxo.
Mientras se aproxima al lugar, algunos de sus amigos se preparan para ocupar una oficina que, aun siendo virtual, desata todas las pasiones. Es la Dirección de Inteligencia Criminal que está prevista en el organigrama del Ministerio del Interior, pero que nadie ha ocupado todavía.
Para esa dependencia, Tibiletti ya tiene «in péctore» a un camarada de aquellos «33 Orientales» que se levantaron contra Leopoldo Galtieri: el teniente coronel retirado Norberto Pascale. Este militar ya merodeó por la zona cuando el subsecretario de Iribarne, Ricardo Colombo, lo aproximó como asesor de Inteligencia. Sin embargo, la escalera de Pascale ahora se formaría con otros escalones: de nuevo, los del PJ Capital, que se ha revelado una cantera de «james bonds». En efecto, Pascale orbita alrededor de Miguel Angel Toma, antiguo jefe de Tibiletti en las comisiones de Defensa del Congreso, adonde el nuevo secretario prestó servicios ( dependía de Eduardo Vacca).
El ex militar Pascale prestó servicios en la SIDE desde comienzos de los '90, cuando formaba una escuadra con otro «33», el coronel Jorge «Gordo» Correa. Como también es abogado, Pascale se vinculó al gravitante José Allevatto, figuraclave de la relación entre la SIDE y el Poder Judicial en todos esos años frente a quien Carlos Corach podría ser considerado apenas un aprendiz. Gracias a esos vínculos fue enviado a Roma durante varios años. Desde allí regresó para convertirse en director de Planeamiento, un cargo vacío de contenido que lo llevó a dedicarse a la pintura. No por pasión artística, sino por la empresa de un cuñado dedicada a ese ramo.
El eclipse de este militar terminó cuando llegó Toma a la SIDE y lo convocó como asesor, función que le permitió a Pascale retomar un viejo vínculo con un colega del derecho: nada menos que Hugo Gándara, el director de Asuntos Jurídicos (es decir, sucesor del habilidoso Allevatto) de la actual SIDE K.
La designación de Pascale al frente de la Dirección de Inteligencia Criminal debe sortear ahora dos obstáculos finales: uno es la competencia de un comisario inspector de la Policía de Santa Cruz que no tendrá los antecedentes del candidato de Tibiletti en el espionaje, pero que luce galones inapelables en su condición de comprovinciano del Presidente. Si pudiera optar entre uno u otro encargado de puentearlo, tal vez Aníbal Fernández prefiera al porteño Pascale.
Dejá tu comentario