El conflicto con Eduardo Duhalde indujo a Néstor Kirchner a revisar su estrategia respecto del PJ: ahora piensa en buscar la presidencia de ese partido, según les confesó ya a amigos y colaboradores. La idea del Presidente es reclamar la conducción, haciéndose acompañar por una lista de dirigentes poco conocidos y, sobre todo, con buena prensa. Es imposible desentrañar esta idea hasta el final: si es una señal de autoridad ante el desafío de los Duhalde o si, en cambio, es la resignación ante el fracaso de la constitución de una corriente propia, la llamada «transversalidad». En el duhaldismo recién toman contacto con los planes de Kirchner y evalúan una reacción no agresiva.
En principio, Duhalde dejaría que el Presidente ejerzala conducción partidaria. Pero no participaría de ese esquema de poder interno: arrastraría también a la abstención a los santafesinos (Reutemann, Obeid) y a los cordobeses (De la Sota). Una especie de vaciamiento incruento. Mientras tanto, el ex presidente captura también el aval del menemismo (se reunió con Carlos Corach) y le envía asesores y respaldos a Daniel Scioli, con quien dialogó largamente ayer en Asunción.
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La novedad promete irritar más la interna del peronismo y obligará a Eduardo Duhalde a jugar más abiertamente sus cartas. El ex presidente está atemorizado por la dinámica que adquirió su enfrentamiento con el gobierno, mucho más temprano de lo previsto. Comentó esas inquietudes con algunos de los integrantes de la comitiva que lo acompañó a Asunción del Paraguay, donde participó de una cumbre parlamentaria del Mercosur. «Quiero bajarme del ring y los diarios no me dejan», susurró y puso como ejemplo el titular principal de la tapa de «Clarín» del domingo: «Yo no hablo y me hacen pelear igual, lo mismo que me hacían con Menem». Ahora tendrá un motivo real para disentir. O, por lo menos, para no apoyar.
Después inició una ronda telefónica pidiendo a los gobernadores amigos que no renunciaran a la conducción, mientras desde Olivos se los inducía a hacer lo contrario.
Cuando Eduardo Camaño, el presidente de la Cámara de Diputados, le preguntó a Juan Carlos Mazzón, doble agente entre el duhaldismo y la Casa de Gobierno, hasta dónde alcanzaba la jugada del Presidente, el mendocino todoterreno no supo qué contestar. Su instrucción era escueta: retomar la operación sobre el PJ que había quedado interrumpida en el último congreso de Parque Norte, que pasará a la historia como el de la «alta peluquería».
Kirchner y Duhalde quisieron hasta ahora pelearse a través de sus mujeres, pero no les alcanzó. ¿Pasarán a un duelo personal? Esto es lo que quiso saber Camaño y no consiguió que le revelaran. Si se toma en cuenta la temperatura que le quiere poner el mandamás bonaerense a la relación con el gobierno, lo más lógico sería pensar en que los seguidores del ex presidente se sumen a la lista que diagrame Kirchner para que lo secunden. Pero ¿el Presidente quiere esa escolta? Aquel gobernador confidente de Kirchner creyó escuchar que el gesto más impiadoso del gobierno será excluir a las «mujeres portadoras de marido» de las listas. Un desaire para Chiche y también para Olga Riutort.
A Duhalde se le ofrece otra opción. No querrá enfrentar al Presidente con una lista propia, pero podrá «vaciar» la conducción oficial convocando a una retirada silenciosa de Buenos Aires, Santa Fe (Carlos Reutemann/Jorge Obeid) y Córdoba (José Manuel de la Sota).
También el menemismo y sus aliados clásicos se cobijarían detrás de su estrategia, tal como conversó el bonaerense en los últimos contactos con ese sector.
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