Si se le aplicara la reglamentación electoral que regirá la selección de los candidatos en la provincia de Buenos Aires, la decisión que adoptó ayer Néstor Kirchner sería disparatada. Pero como la contradicción es un pecado menor cuando se posee el poder del número, el candidato del duhaldismo a la presidencia anunció ayer que no competirá en la interna del PJ y se presentará directamente en las elecciones nacionales con un partido propio. Si estuviera sometido a la normativa bonaerense, debería realizar una interna en todo el país, aunque no compitiera con nadie.
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Kirchner dio el primer paso. Los otros los dará Duhalde. Es decir, será el Presidente quien haga sesionar un congreso del PJ el próximo 24 para que se dé de baja la realización de internas y cada candidato pueda competir en las generales usando los símbolos del PJ. Es decir, Kirchner deja el partido, pero no pagaría el costo de dejarles a sus competidores la simbología de la agrupación, tan importante en el peronismo.
El congreso que organiza Duhalde contará tal vez con un quórum estricto (la carta orgánica es generosa: para un segundo llamado se puede sesionar con 1/3 y reformar el propio estatuto con 1/6). Y con algo esencial, que Duhalde negoció con Ramón Puerta en Misiones: que las provincias que no apoyan a Kirchner (Santa Fe, Misiones, Entre Ríos, Catamarca) tampoco se opondrán a las iniciativas oficiales sumando sus votos al menemismo en ese congreso.
El que concurrirá «por afuera» será, en rigor, el duhaldismo, que facilitará de ese modo el «ballottage». En esa instancia, Kirchner debe transformarse en «la pata peronista» de una especie de «Alianza» cuya misión será canalizar los votos contra Menem. Políticamente, es la fractura del PJ, que tanto festejan los ex comunistas como Eduardo Sigal, que vienen acompañando a Kirchner desde el comienzo de su marcha.
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