Kirchner cree ver al "diablo en las sotanas"

Política

Jorge Bergoglio viaja en estas horas al Vaticano. Su cargo de primado de la Argentina no hace necesario que lo justifique en público; el desafío del gobierno a la Iglesia le da, sin embargo, un significado al viaje que no tendría en otra oportunidad. Antes de partir, se leyó una adhesión del Arzobispado de Buenos Aires a un acto en plaza San Martín para recordar a las víctimas de la guerrilla en los 70. Ayer, el Presidente tocó un límite, ya que se dice católico en un país católico, y acusó a un hombre de sotana de estar poseído por el diablo. Personalizó esa acusación -que en boca de un mandatario y en público parece una blasfemia- en Guillermo Marcó, capellán de la pastoral universitaria y que actúa como portavoz del Arzobispado de Bergoglio. Desde la agencia oficial de noticias, el gobierno se dedicó en las últimas horas a jugar con la versión de una renuncia de Marcó a esa función de vocero que, en realidad, no desempeña sino de manera informal. El silencio de este presbítero, la actitud y las palabras del Presidente, y el viaje del primado a Roma le dan por estas horas un aire de incertidumbre a un tema central de la Argentina: las relaciones gobierno-Iglesia. No es éste el primer gobierno peronista que busca confrontar, tampoco la primera vez que la Iglesia tiene que resistir la acusación de que quiere hacer política, esta vez, como cabeza de una oposición que no encuentra protagonistas de mayor fuerza. El 29 de octubre será una fecha clave para la administración kirchnerista: Luiz Inácio Lula da Silva infundirá, o no, preocupación al gobierno argentino si no consigue su reelección. Ese mismo día, cerca de Brasil, pero en Misiones, un obispo saliente, Joaquín Piña, será candidato en una lista que se opone al kirchnerismo. Son todas señales.

Néstor Kirchner tensó ayer aun más la pelea con la Iglesia Católica al dirigir sus burlescas críticas a uno de los hombres de mayor confianza del cardenal Jorge Bergoglio. «El secretario del señor arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires dijo que yo era un presidente de la discordia», fue la frase presidencial que anunciaba una nueva y dura embestida contra el Episcopado. Y enseguida llegó su dardo más venenoso: «Hay un Dios y Dios es de todos, pero cuidado, que el diablo también llega a todos, a los que usamos pantalones y a los que usan sotanas, porque el diablo penetra por todos lados», disparó el patagónico desde el partido bonaerense de Tres de Febrero.

Nada de metáforas ni frases elípticas en el discurso de Kirchner, quien se diferenció así de la ambigüedad lingüística con la que Bergoglio suele criticar veladamente su gestión. Justo cuando desde el Arzobispado de Buenos Aires circularon versiones de que el cardenal quería dar por terminado el entredicho entre su vocero, el padre Guillermo Marcó, y el jefe de Estado, Kirchner redobló la apuesta y personalizó sus críticas en Marcó, el alter ego mediático de Bergoglio.

«Yo no vine a renunciar a las convicciones, vine a defender estas convicciones y a cumplir con la gente», aseguró el Presidente.

El miércoles, la agencia oficial «Télam» difundió una versión según la cual el Arzobispado de Buenos Aires aclaraba que su director de prensa había hablado en términos « estrictamente personales» cuando aseveró que el Presidente «alienta los odios» al abordar algunos temas. Ayer agregó que Marcó habría presentado su renuncia pero que no había sido aceptada. Bergoglio parte este fin de semana hacia el Vaticano, donde participará de la reunión de vicasterios romanos, y el jefe de la Iglesia argentina no quiso dejar en su ausencia un frente de tormenta abierto con el gobierno. Pero el malestar episcopal con Marcó podría detonar la semana que viene, cuando se calmen los ánimos.

  • Relación deteriorada

    Durante su estancia en Roma, Bergoglio abordará también la relación del Vaticano con el Episcopado argentino, deteriorada desde que Benedicto XVI aceptó la renuncia del obispo de Puerto Iguazú, Joaquín Piña, justo en medio de su cruzada opositora contra la reelección indefinida del gobernador kirchnerista Carlos Rovira. El nuncio Adriano Bernardi nunca le comunicó a Piña la decisión del Vaticano y el prelado mesopotámico se enteró por los diarios.

    Kirchner estuvo acompañado por el gobernador Felipe Solá; el titular de la CGT, Hugo Moyano; el intendente de Tres de Febrero, Hugo Curto, y jefes comunales como Alberto Descalzo (Ituzaingó), Luis Acuña (Hurlingham), Mario Ishii (José C. Paz), Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas) y Raúl Othacehé (Merlo). En ese contexto, en el que reivindicó las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón (1946-1955), Kirchner aseguró que no tiene «miedo» y que «va a haber justicia» con respecto a los crímenes cometidos durante la última dictadura.

    De la ceremonia participaron también los ministros del Interior, Aníbal Fernández, y de Planificación Federal, Julio De Vido; la vicegobernadora bonaerense, Graciela Giannettasio, y el ministro de Justicia provincial, Eduardo di Rocco.

    A continuación, los párrafos más destacados del discurso de Kirchner:   

  • «¿Qué origina la obra que inauguramos hoy y las obras que pusimos en marcha? ¿Qué origina en la Argentina cumplir con la palabra empeñada? ¿Qué origina generar trabajo? ¿Qué origina terminar con la política de mendicidad? Que algunos sectores privilegiados de siempre se empiecen a poner nerviosos. Entonces algunos, como el secretario del señor arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, dijo que yo era un presidente de la discordia. ¿Por qué yo un presidente de la discordia? ¿Porque peleo por la justicia, por la equidad, porque no haya impunidad, por los pobres, por el trabajo, por la patria? Si eso es ser un presidente de la discordia, soy un presidente de la discordia.»   

  • «Por eso vivimos temas tan confusos como el caso del amigo López, porque si acá hubiera habido justicia cuando corresponde, todas estas cosas serían cosas del pasado. Pero va a haber justicia, porque hay una decisión del gobierno y un Presidente que no se dobla, no tengo miedo y estoy dispuesto con todas mis fuerzas a llevarla adelante.»
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