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Explicitando quiénes son sus aliados en el complejo universo de las tribus de desocupados, Kirchner intentó arrimarse a los grupos más combativos -como el de Informate más
De algún modo, retomó Kirchner la «mano de seda» que tiempo atrás le imputó Eduardo Duhalde en su trato con las organizaciones de desocupados.
Además, lo hizo un rato después de que
Casi una maldición: cuando Chiche coincidió con él, Kirchner cambió de discurso.
«No nos enfrentemos entre los argentinos», dijo el Presidente desde el escenario y convocó a ser «tolerantes» y «trabajar todos juntos» para construir un «nuevo país». Y agregó: «Quiero ser un presidente para todos; éste es el esfuerzo que tenemos que hacer».
Tanta dedicación a los piqueteros debe haber inquietado a Alberto Balestrini, intendente de La Matanza, y a Felipe Solá, que acompañaron a Kirchner.
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