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28 de diciembre 2005 - 00:00

Kirchner, "desencarnado", ofrece ahora la paz en el PJ

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Eduardo Camaño

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Este anecdotario futuro se corresponde con una necesidaddel santacruceño. Con la mirada en 2007, Kirchner pretende reintegrar en el seno de una misma agrupación a todas las variantes peronistas. Es lógico: dentro de dos años él competirá por la presidencia nuevamente y quiere hacerlo detrás de un partido unificado. En otras palabras, el ciclo abierto por Eduardo Duhalde en 2003, cuando se impidieron las internas y se dividió al PJ en tres candidaturas (Menem, Adolfo Rodríguez Saá, Kirchner) quedará clausurado.



Encarnará, en otras palabras, el clásico sueño del movimientismo peronista, la fantasía pasablemente autoritaria de capturar a toda la sociedad bajo un mismo mando. Desde la «causa» yrigoyenista hasta el «tercer movimiento histórico» de Raúl Alfonsín, «comunidad organizada» mediante, la política argentina consumió con mucha frecuencia esa receta.

Las primeras señales de conciliación de la Casa Rosada hacia el peronismo están a la vista en estos días. Kirchner hizo varios gestos para que los dirigentes de la provincia de Buenos Aires regresen al redil. Cada semana recibe a José María Díaz Bancalari, presidente del bloque «disidente» de Diputados, quien como astuto puntero político sabe cómo darse vuelta en el aire sin que lo acusen de «borocotizarse». Este legislador va de la mano de intendentes que también enfrentaron a Cristina Kirchner en octubre: Hugo Curto y Juan José Mussi son los dos más destacados. Ahora Díaz Bancalari tiene preparado un anzuelo más grande para otra pieza atractiva: quiere entrar en el despacho de Kirchner arrastrando los despojos de Eduardo Camaño, el ex presidente de la Cámara. Aníbal Fernández quiere sacar fotos.

En sintonía con estas tratativas presidenciales, Felipe Solá organizó la semana pasada un festejo de fin de año en el que se consagró un «ni vencedores ni vencidos» bonaerenses. En el asado estaban todos los intendentes del conurbano, salvo Manuel Quindimil (al parecer vetado por José Pampuro, allí presente) y Sergio Villordo ( intendente de Quilmes subordinadoal ministro del interior, sobre quien pesa la interdicción del propio gobernador). En cambio, volvieron a la Casa de Gobierno provincial Baldomero «Cacho» Alvarez ( Avellaneda), Manuel Rodríguez (Almirante Brown), los ya mencionados Mussi y Curto, y hasta el alcalde de Presidente Perón, Aníbal Regueiro, quien dice estar peleado con Oscar Rodríguez y Mabel Müller (¿o es sólo una gentileza destinada a salvar a los Duhalde del infarto?). El pretexto de la comida fue despedir 2005 y presentar a Martín Lousteau, el nuevo presidente del Banco Provincia, quien abrió de una gestión «pensando en el conjunto». Por lo visto, pacificación total, hasta en cuestiones de dinero.

Si la reconciliación bonaerense ofreciera alguna duda acerca del temperamento oficial, ayer Kirchner dio otro indicio de que vuelve de la victoria «desencarnado», como Perón de Madrid. Recibió a Juan Carlos Romero, el gobernador de Salta, y dialogó con él sobre la reorganización del PJ nacional. Romero ya hizo público su pedido para que se realicen internas. Pero no habría que descartar que Kirchner lo sume también a una conducción colegiada, presidida por algún gobernador de los más afines a Olivos.



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