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9 de junio 2004 - 00:00

Kirchner-Solá: predomina el mirar con neutralidad

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Pero que ese fondo especial pase a los bonaerenses y, en realidad, termine en manos de Eduardo Duhalde para seguir con el «clientelismo», vía la amenazante «estructura» política del justicialismo bonaerense, le da, a su vez, la razón a Kirchner en esta endurecida puja.

Kirchner para su demagogia o Duhalde para la suya, en ambos casos acciones atentatorias contra el país, impiden definirse a los más moderados y se opta por la neutralidad.

Lo demás es de forma, como la exigencia de una nueva ley de coparticipación que exige el acuerdo con el Fondo Monetario y hasta la propia Constitución nacional.

El Presidente quiere moverse con el «Fondo K» o «Fondo Tereré», al que llaman pícaramente así porque quienes reparten por orden de la ministra de Acción Social, Alicia Kirchner, llevan una margarita visible sobre su ropa a la altura del corazón. Como Margarito Tereré, un personaje cómico-infantil televisivo de los años '70.

No es poco dinero este fondo en dura pugna ya que puede llegar a 2.400 millones de pesos, logrados con el retiro de 10% de los fondos coparticipables que corresponden a las 23 provincias y la Capital Federal. En un país con 48% de índice de pobreza Kirchner ve su futuro político independiente en el uso unilateral, vía su hermana ministra, de tanto dinero. Pero también lo ve Duhalde para su futuro dominio político; para seguir designando presidentes de la Nación, digitando los diputados bonaerenses, mantener la propia tropa de intendentes del Gran Buenos Aires. Son 800 millones de dólares por año, vitales para que el duhaldismo sustituya aquellos 1.300 millones de pesos-dólares que le hizo desembolsar al Banco Provincia de Buenos Aires, más el millón y pico de pesos-dólares por día que el gobierno Menem le adjudicó con el llamado Fondo de Reparación Histórica del Conurbano Bonaerense. Este fondo no desapareció, pero integra hoy la coparticipación normal bonaerense. Así entra a «rentas generales» cuando en los años de Duhalde y Carlos Ruckauf como gobernadores que se sucedieron lo movía, políticamente desde ya, un ente autárquico que dirigió en algún momento Julio Carpinetti.

En consecuencia, es mucho lo que se juega en esta puja Kirchner-Solá, este último apoyado ahora fuertemente -es obvio- por Duhalde a riesgo de enemistarse el secretario del Mercosur con Kirchner. Recuérdese que la demagogia desde el Banco Provincia terminó pasándole la deuda bancaria casi incobrable a la provincia, que tuvo en 2001 un déficit presupuestario de 4.100 millones de dólares, casi como el total del déficit de los restantes 23 distritos provinciales. Tan caótico fue ese desborde bonaerense que, frente a los elevados vencimientos de deuda externa del año 2000, los capitales comenzaron a huir precipitadamente de la Argentina, previendo un estallido que efectivamente sobrevino en diciembre de ese año 2001 con «corralito», «corralón», caída del ineficaz gobierno De la Rúa y un terrible abismo en 2002.

De esta puja, totalmente politizada, así se imponga una u otra posición, en ningún caso el país gana. Al contrario, el uso de tales fondos puede afectar a la economía actual en recuperación y hasta la transparencia democrática, como mínimo. Entre malo y peor nadie ve una salida lógica. Los gobernadores -a los que nunca les gusta el predominio de la provincia de Buenos Aires, aunque en este caso pueden tener razón- optan pragmáticamente por no apoyar a Felipe Solá y sí al Presidente, aunque no lo sientan. Es lógico: así quedan bien con Néstor Kirchner y pueden sacarle ventajas para sus territorios, mientras saben que Duhalde nunca dejará pasar en el Congreso una ley que robustezca e independice con tanto dinero en sus manos al Presidente.

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