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11 de mayo 2007 - 00:00

La Argentina decadente: Alfonsín más aplaudido que Roberto Lavagna

Los aplausos más largos en el relanzamiento ayer de la candidatura de Roberto Lavagna no fueron para uno de los pocos ministros que dejó la función con buena imagen en el público. Se los llevó el ex presidente que dejó el cargo en medio de un país incendiado. Raúl Alfonsín repartió abrazos en una platea dominada por radicales en un acto en el cual no tenían micrófono (Lavagna fue el único orador). Verlos juntos a radicales y peronistas fue, además, una fotografía de la alianza bonaerense que Alfonsín y Eduardo Duhalde cerraron en 2001 y cuyo primer éxito fue la caída de Fernando de la Rúa. Marcharán juntos ahora en busca de votos, pero prometen prolongar su alianza después de octubre en el movimiento «productivo» que menea Duhalde en su gira nacional de estos días.

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Día de fiesta para Roberto Lavagna en el Gran Rex. No para Raúl Alfonsín, que rogó no ver más videos con imágenes que incluían a Juan Domingo Perón.
Raúl Alfonsín reinventó ayer la candidatura presidencial de Roberto Lavagna al lograr despabilar al auditorio que ocupó las butacas del teatro Gran Rex para asistir a un acto donde se suponía que el ex ministro sería el principal protagonista. Todo estaba preparado para que Lavagna fuese el agasajado pero los militantes radicales le brindaron al ex presidente una ovación que dejó al economista en segundo plano. Lógica y previsible reacción: el padre de la criatura generó aun más fervor que la criatura misma.

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Sin el anuncio de su compañero de fórmula, tema que desvela más a los caciques de la UCR que al electorado, el acto se volvió una formalidad sin timming político teniendo en cuenta que la campaña para la Jefatura de Gobierno porteño concentra hoy toda la atención de la corporación política. Quizá por eso a la entrada del teatro se repartieron volantes firmados por la Juventud Radical con la leyenda «Telerman + Lavagna», alianza que el ex ministro de Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, no avala públicamente.

Fueron entonces los radicales quienes, a pesar de no poder arrancarle a Lavagna permiso para incluir un orador de sus filas, coparon con militantes las butacas del Gran Rex.

  • Apoyaturas

  • Rodeado de marquesinas con imágenes de Florencia de la V. y de Les Luthiers, el candidato subió cerca de las 19.30 al escenario flanqueado por medio centenar de las casi 30 agrupaciones políticas que apoyan su aventura electoral. Destacaban los radicales Adolfo Stubrin, a quien los guardias de seguridad (que seguramente conocen al señor «de la V») no reconocieron y casi no lo dejan subir a la sala, Fernando Chironi, Gerardo Morales y Ernesto Sanz. Del peronismo disidente apenas se los vio a Jorge Sarghini, Javier González Fraga, Eduardo Camaño, Inés Pérez Suárez y Marina Casesse, mientras que el MID estuvo representado por Carlos Zaffore. El riñón lavagnista estuvo representado por Alejandro Rodríguez y Alberto Coto. Ni Francisco de Narváez ni Juan José Alvarez aparecieron en los pasillos. Alfonsín, que llegó acompañado por Morales, se ubicó en la primera fila custodiado por Ricardo Gil Lavedra e Hipólito Solari Yrigoyen, sólo aplaudió a Lavagna. Antes del discurso del ex ministro se proyectaron en dos pantallas un video que repasó la historia reciente de la Argentina. Ni las imágenes de Juan Perón y de Evita despertaron una ovación similar a la que generó Alfonsín cuando apareció su figura proyectada. Cerca del ex presidente se ubicaron además los radicales Leopoldo Moreau, Federico Storani, Juan Acuña Kunz, Miguel Guibergia, Alicia Tate, el rebelde Roberto Iglesias y Ricardo Alfonsín. Zulma Faiad y el ex juez supremo Augusto Belluscio también dijeron presente en el Gran Rex.

  • Santa Cruz

    La crisis de Santa Cruz estuvo presente en los pasillos del teatro, donde la cúpula radical aprovechó la renuncia del gobernador Carlos Sancho para pegarle al kirchnerismo. «Este gobierno traslada culpas y responsabilidades propias a cabezas ajenas a través de nuestro intendente de Río Gallegos (Héctor) Roquel. Nuestro partido gobierna hace 16 años la capital santacruceña y se puso al frente de una sociedad que se cansó de tanto autoritarismo», disparó el mendocino Sanz quien se disputa con Morales y Storani el rótulo de vice de Lavagna.

    El presidente del comité UCR, Morales, ensayó una tibia autocrítica: «El radicalismo necesita recuperar la calidad de partido popular». Y pronosticó que el nombre del acompañante de fórmula de Lavagna se definirá recién en junio, después de las elecciones porteñas.

    Lavagna ingresó casi inadvertido por uno de los pasillos del teatro y sólo se detuvo para besar a la secretaria de Stubrin que estaba ubicada en la primera fila. Zulma Faiad, desencajada, aplaudía y cantaba «Tiene aguante, Lavagna tiene aguante». Aparatoso y falto de carisma, según comentaban sus propios estrategas, Lavagna intentó para abrir su discurso un comentario cuasi jocoso que nadie entendió: «Esto es UNA, una que hicimos bien todos los argentinos». Claro, la referencia era a las iniciales del nombre de su coalición Una Nación Avanzada.

    En su discurso, el candidato cargó contra quienes cuestionan su pasado en la administración pública y sostuvo que hay quienes no pueden mostrar su historia. «Fuera de este espacio hay quienes dicen, como si fuera una virtud, que no tienen historia. Quizás sí la tengan, pero no puedan mostrarla», sostuvo el ex ministro de Economía. «Aquí estamos para construir un país de ciudadanos y no un país de clientes. Algunos demonizan la historia pasada y a los partidos tradicionales, y quieren ponerse la ropa de fundadores pero esa ropa les queda grande», arengó el economista en directa alusión a Kirchner a quien no nombró en toda su alocución.
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