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14 de enero 2008 - 00:00

La basura amenaza, como en el 68

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La acumulación de basura en la región metropolitana es ya incontrolable con cinco mil toneladas diarias que se producen. En 1968, cuando visitó el país Charles de Gaulle, una huelga paralizó la recolección. Cuarenta años más tarde, una medida así inundaría las calles de desperdicios en pocas horas.
«La Boca, la Boca, la Boca se inundó. Y a todos los de Boca la m. los tapó».
(Textual de los tablones)

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Luce rítmico el cantito desde la tribuna riverplatense con un algo de profecía nostradámica. Ha caído en manos del más célebre lord mayor boquense -el ingeniero Mauricio Macri-la acuciante responsabilidad de evitar encontrar algún día La Bombonera sepultada entre los desagradables y colosales residuos que produce la Ciudad Autónoma.

Sería una pésima jornada para un xeneize, mucho peor que cualquier goleada en contra. Pero Kirchner ya lo sentenció por medio de su lugarteniente Moyano y los demás buenos muchachos.

Rara ciudad esta Reina del Plata que deja boquiabiertos a los turistas del mundo por sus bellezas, excentricidades, buen gusto, lujos, elegancia, sólidas marcas, noches tangueras, las alegrías del champagne y los boliches que nunca duermen. Sin embargo no está exenta de caer en un caos similar al de aquel París de 1968. Cuarenta años atrás exactos en el próximo mayo. Nada menos que al legendario Charles de Gaulle por unos cuantos días ciertos loquitos le paralizaron y sitiaron con fétida basura el inolvidable «París Canaille».

Casi un mes si se le suman los diez millones de obreros que fueron tentados a la huelga. Y así fue, aquella bellísima Ciudad Luz de los monumentos recién lustrados -tal cual los dejara la gestión de André Malraux-pasó a convertirse en un recinto nauseabundo, pestilente y contaminante.

No es lo mismo «Danny el Rojo» que Hugo Moyano. ¿Qué nos pasaría si al zar de los camioneros se le ocurriera bloquear todos los accesos a la ciudad y no permitir la salida diaria de las cinco mil toneladas de basura que se « producen» en la Capital? ¿O el efecto territorial contrario, si los no menos poderosos intendentes del conurbano se coaligan para entramparnos y aislarnos entre las montañas vertiginosas de la maloliente excrecencia obturando las salidas?

El Gran Buenos Aires aporta once mil toneladas por día de basura. Sólo resta señalar un obvio cálculo aritmético: en diez días -dentro del ejido de la Capital Federal solamente-estaremos acompañados de cincuenta mil toneladas de residuos y en un mes se nos almacenarían ciento cincuenta mil. La ciudad que tanto embelleciera Don Torcuato de Alvear en sus tiempos, para el segundo centenario se transformaría -lejos los turistas con euros-en el paraíso de las ratas y las alimañas entre otros impensables colapsos y pestes.

Día que pasa, día que estamos más cerca de arribar a este exagerado panorama si no
hacemos nada, si permanecemos hablando y dando vueltas retóricas y anuncios vacuos. Como ha venido ocurriendo con esa monstruosa cloaca a cielo abierto que hemos dejado «crecer y desarrollarse para la desgracia» en la Cuenca Matanzas-Riachuelo, algo semejante a una obcecada política de Estado al revés, observada durante más de dos siglos. Espeluznante ironía, pero bastante realista según la historia implacable.

  • Contaminantes

    Miguel Grinberg, un ambientalista experto en el dramático problema de nuestros basurales de grandes urbes, profesor de la Universidad de La Plata, con profunda preocupación nos da noticias sobre el problema. Despotrica razonablemente contra todos los procedimientos ensayados hasta el momento. Denomina «anticuados» --sumamente contaminantes-al vertido en basurales a cielo abierto y al método de la incineración, aborrece de los rellenos sanitarios y afines por el peligro que se desplaza hacia las napas freáticas. Se alarma por los perjuicios colaterales que causan, por las reacciones desesperadas de las comunidades afectadas y las legislaciones cada día más inaplicables que fomentan ciertas organizaciones ecológicas.

    Para el experto Grinberg, los métodos térmicos tradicionales por los cuales se «quema» la basura plantean graves desventajas y perjuicios. En primer lugar enumera la producción y emisión al aire libre de una gran cantidad de tóxicos como el hollín, óxidos de azufre y nitrógeno, dióxido de carbono, micropartículas diversas, cenizas volátiles de metales pesados. Entre otros, las dioxinas y furanos surgidos de la combustión de elementos plásticos. Recuerda que las dioxinas son sustancias químicas peligrosas, en general liberadas en la atmósfera por la incineración y los procesos industriales. Se acumulan en la grasa de los animales y provocarían tumores e inmunodeficiencias en los seres humanos.
    Pone el profesor Grinberg su acentoen la expansión de la industria computacional. Nadie habla de las nuevas carradas por descartes de monitores, impresoras, cartuchos, residuos de tóner, teclados, baterías y todo los accesorio o piezas alegremente desechados ignorando que incrementan la presión sobre el ambiente y la salud pública.

    Siguiendo la orientación del experto, la problemática de la construcción de plantas de procesamiento -e incluso las de aislamiento-conllevan a una cuestión de costos a su juicio exacerbados. A tal extremo que se harían insoportables para los presupuestos municipales. Deja deslizar alguna posibilidad de hallar métodos innovadores y dinámicas operativas razonables. Ante estas esperanzadoras generalidades, pareciera insinuar conocimientos de alguna experiencia exitosa que en alguna parte del mundo se estuviera ensayando.

    No descartó esa posibilidad, aunque se resistía a otorgar mayores detalles. Dejó traslucir algún entusiasmo, pero, justificó el profesor el suspenso sobre la base de la necesidad de obtener mejores confirmaciones. «Me faltan aclarar algunos puntos importantes, no tardará mucho para completar las averiguaciones que estoy haciendo. No olvide que la tecnología en estos tiempos avanza a pasos agigantados», dijo con un guiño amable y estimulante.

    Volviendo a la adustez casi natural de su rostro, este técnico de características y ropaje bohemio vuelve a lamentarse: «Todavía más complejidades plantean los múltiples residuos peligrosos, esos alimentos o fármacos no aptos para el consumo humano, los residuos biológicos generados en clínicas, laboratorios o unidades médicas. Las pilas y las pinturas

    Agregó: «Los agentes patógenos y virus encontrados en la basura y en los lodos de vertidos cloacales, sustancias orgánicas o inorgánicas que generan las industrias químicas, las fundidoras, la metalmecánica, textil, curtiembres, frigoríficos, artes gráficas, la galvanoplastia y qué se yo cuantas otras más», al pronunciar las últimas palabras parecía ansioso.

    Comenta más tranquilo: «Ciertos desechos peligrosos, por ser corrosivos, reactivos, explosivos, tóxicos, inflamables o biológico-infecciosos, no han podido hasta la actualidad ser regulados ni controlados eficientemente, a pesar de que existe tecnología conocida para ello», dice el entusiasta profesor platense con su peculiar modalidad de tirar pálidas en un principio para terminar su speech anunciando -con un tufillo de optimismo- la probabilidad de encontrar en algún lado la solución del problema.

    El anuncio de la reunión del ingeniero-Macri con el alcalde Michael Bloomberg de Nueva York dejó escapar algunas esperanzas de salir de la rutina divagatoria tan propia de esta margen del Río de la Plata. Las cuatro grandes urbes del continente -Buenos Aires, San Pablo, México D.F. y Nueva York-se encuentran prestas para sufrir los mismos problemas de acumulación incontrolable y apabullante de la basura que emiten por día sus respectivos pobladores.
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