Se complica, tal vez, la llegada de la CGT al Consejo del Salario y la Producción. Para la reunión del próximo 26 que agendó el gobierno para oscurecer la marcha de Juan Carlos Blumberg, el triunvirato sindical (y el consejo directivo) ha empezado a creer que ha sido manipulado por una treta oficial. Nada que ver con salarios u ocupación, sino el ingreso en la reunión de l6 sindicalistas (los nombres se definen este lunes) y l6 empresarios, sin consulta, de dos delegados amigos de Néstor Kirchner, representantes de la CTA de Víctor De Gennaro y Luis D'Elía. Excusa del gobierno: la CTA ha sido también admitida en la Organización Internacional del Trabajo y, por lo tanto, puede tener lugar en una mesa de negociación con los empresarios. Estas presencias no alegran a la CGT que, por lo menos, asistirá a las reuniones bajo protesta. Es que entienden la jugada de Kirchner como una pequeña ayuda a un grupo sindicalpolítico afín, pero cada vez con menor incidencia en la sociedad.
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Desde hace 48 horas, distintos dirigentes de la CGT expresan su disgusto por la presunta celada, y algunos plantean la inconveniencia de asistir a la reunión que presidirá el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. «No podemos convalidar a otra CGT paralela, no les hagamos el caldo gordo a los que son enemigos. Van a calificar a costillas nuestras -repetían-, justo cuando hoy la CGT aparece unida y nucleando a todas las organizaciones gremiales.» Estas eran las imprecaciones de más bajo tono frente a la jugada que les atribuyen a Kirchner y a sus partners transversales, quienes desde hace una semana han reaparecido en los medios con una intensidad que antes no mostraban. Por el contrario, siempre sorprendió el silencio de De Gennaro por la marcha de la economía y, ahora, habla por todas las radios -inclusive con aquellas que antes no atendía por desprecio-y hasta descubrió que la devaluación de Duhalde perjudicó el salario de los trabajadores. Más todavía: se congratula de asistir con la CGT, compañeros al fin, en la discusión con los empresarios.
Curiosamente, la nueva conducción de la CGT -cada vez más enfrentada-se ha reagrupado para repudiar esa presencia. Aparecen más unidos que nunca, los intereses son siempre permanentes, justo cuando la confrontación de Susana Rueda con Hugo Moyano alcanzó en ocasiones ribetes de escándalo.
Empezaron con la firma que ella no quiso estampar señalando que en un año concluiría su mandato dejándole la primacía a Moyano. No fue lo único: distraídos, Moyano y José Luis Lingieri no le avisaron a ella que viajaban a Montevideo para entrevistarse con Eduardo Duhalde, y ella por supuesto los ninguneó cuando por su cuenta visitó a Kirchner en la Casa Rosada. Con más habilidad que los otros dos, Lingieri sin anoticiar a nadie ya se entrevistó dos veces con el Presidente. Gente pícara, olvidadiza por momentos, claro.
También fue pública y hasta premeditada la controversia entre Rueda y Moyano a propósito de la visita del piquetero Raúl Castells a la CGT. El camionero, vía su mentor Juan Manuel Palacios (UTA), había negociado con Castells una entrevista sin conflictos y sin necesidad de que hicieran una batucada frente al domicilio de Azopardo. La Rueda, inspirada por su propio mentor en jefe, Carlos West Ocampo -quien no concurre a la CGT pero sí acompaña a los triunviros cuando éstos dialogan con el ministro de Salud, Ginés González García-planteó objeciones a esa reunión y lo atacó a Moyano por la falta de oportunidad. En la sala de la CGT, sin embargo, ella expuso otra versión: «Al Presidente no le gusta que lo recibamos a Castells», lo que obviamente generó la réplica de él: «¿Cuándo te lo dijo?, ¿quién te dijo que el flaco piensa así?». Tan preocupados se manifestaban ambos por el vínculo con el oficialismo que Andrés Rodríguez (UPCN) les espetó con ironía: «Por favor, no se peleen por quién es más amigo de Kirchner». Esos cruces violentos verbales, más de ella contra él que de él contra ella (es curioso como el irascible Moyano se contiene aduciendo que «yo ya rompí una vez la CGT y no quiero volverlo a hacer»), en tan poco tiempo desde la formación han hecho sospechar a muchos que, de nuevo, la central obrera se volverá a partir, ya que ciertos sindicatos (o dirigentes) ven perder su hegemonía. Esas pugnas, ese horizonte inestable, sin embargo, ahora se han calmado gracias a otro triunvirato (el de Kirchner con De Gennnaro y D'Elía) que les inventó una cuña política, en el Consejo del Salario, que ellos no quieren aceptar. Más bien, dice, si son amigos de Kirchner, que vayan en esa calidad y como delegados de los trabajadores. Tiempos borrascosos se avecinan.
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