Duhalde mostró en ese momento un primer síntoma de recuperación pero con el argumento más viscoso: «Me dicen que detrás de esto anda Menem, que quiere que esto termine en dolarización». ¿Quién lo dice? preguntan. «Los muchachos», responde el Designado y todos miran a Carlos Soria, jefe de los espías en la SIDE. Por teléfono Duhalde recibió varios mensajes. Uno de Raúl Alfonsín que se dijo «furioso con esto que ha hecho la Corte». Pero, le pidió al Designado, mejor no tomar decisiones en caliente. Desde La Rioja Jorge Yoma le dijo que no creía que el ex presidente estuviera detrás de esta maniobra (el senador riojano es un baqueano en el conocimiento de la escuela jurídica de su provincia, a la que pertenecen varios protagonistas de esta historia) cuando la voz angustiada del Designado preguntó qué se podía hacer. «A lo mejor por ahora es mejor hacerse la víctima», se escuchó en esa conversación. Esto convenció a Duhalde del tono que terminó dándole a su resbaladiza intervención por TV, un ensayo de ese dudoso ejercicio de mostrar a un presidente quejándose de otro poder ante el público. Algo que muchos creen es un signo de debilidad que un mandatario (el Designado no lo es porque no fue votado ni nadie puede reclamarle que cumpla un programa electoral) debería en lo posible evitar.
¿Pudo evitar esto Duhalde? El Designado nunca les quiso poner un interlocutor para conversar esta crisis, algo de lo que se quejaron durante el gobierno anterior, cuando los ministros Ricardo Gil Lavedra y Jorge de la Rúa evitaron escuchar sus quejas como «poder arrinconado» por las prédicas del gobierno aliancista. La llegada de Vanossi no lo consoló; le escucharon decir en un reportaje: «Veamos cuántos cacerolazos resisten». Conocían, además, que el asesor para el capítulo judicial de la reforma política es el abogado Luis Moreno Ocampo.
Durante la semana anterior algunos miembros de la Corte recibieron mensajes del ex diputado José Luis Manzano asumiendo la representación del gobierno para llegar a alguna solución de convivencia. Averiguaron si tenía credenciales pero les respondieron desde la Casa de Gobierno que el lobbysta mendocino actuaba, cuanto más, por su cuenta y a resultados. La única señal alentadora la recibieron del Senado. «No estamos en la misma de Duhalde o de los diputados. De acá no va a salir ninguna agresión», les dijeron algunos miembros del Senado, cámara donde albergan poderosos interlocutores de la Justicia como Raúl Alfonsín, Juan Carlos Maqueda, Jorge Yoma y otros. Lo que ocurrió en las horas que siguieron convirtió en papel mojado ese compromiso que ahora nadie quiere reconocer porque la guerra ya estalló.
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