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Las relaciones entre el duhaldismo y el sector dominante de la UCR provincial son muy añejas y, en rigor, heredan un acuerdo anterior entre los radicales de Buenos Aires y el cafierismo, que manejó la provincia entre 1987 y 1991 (la expresión más sonora de esta afinidad fue el intento frustrado de ambos grupos de modificar la Constitución provincial en 1990, cuando cayeron derrotados por el No en un plebiscito). La simpatía entre unos y otros -a la que más tarde se sumó el Frepaso- se alimentó de un brumoso keynesianismo y de factores más precisos: fondos reservados compartidos en la Legislatura, subsidios en las universidades que controla la UCR (como el que recibió la de La Plata, storanista, para monitorear el Fondo del Conurbano), dineros derivados a las fundaciones que presiden algunos dirigentes radicales, entre otros «pegamentos».
La última versión de esta entente fue el denominado «gobierno de salvación nacional» que reclamó Moreau no bien Domingo Cavallo comenzó a encontrar dificultades al frente del Ministerio de Economía. Alfonsín, con menos autoestima que su ex discípulo, prefirió denominar a ese gabinete «de unidad nacional». En aquel entonces, el experimento consistía en ofrecerle o exigirle a De la Rúa el armado de otro equipo con otra orientación. La clave del cambio sería la incorporación de Jorge Remes Lenicov a Economía, desde donde debería impulsar la devaluación de la moneda, que Moreau reclamaba abiertamente y Alfonsín y Duhalde de manera cifrada -ver La otra pieza del avance sobre De la Rúa sería la designación de Ignacio de Mendiguren como ministro o secretario de la Producción, como planificó Alfonsín durante un cóctel que sirvió en su casa hace más de tres meses -ver
Finalmente, la operación de incrustar el pacto bonaerense en una administración en la que De la Rúa quedaría limitado a «reinar» inofensivamente se completaba con la instalación de un peronista de esa provincia en la Jefatura de Gabinete. Los candidatos eran Duhalde, quien por consejo del brasileño «Duda» Mendonça consideraba oportuno darse un baño de gestión nacional, o Carlos Ruckauf, interesado desde muy temprano en abandonar las complicaciones fiscales de la provincia con algún destino externo. En este aspecto de la maquinación bonaerense avanzó tanto que Diego Guelar concurrió al despacho de Chrystian Colombo para sugerir al jefe de Gabinete, en una gestión disparatada, que Ruckauf podría reemplazarlo en su sillón -ver
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