No fue fácil para la Policía, que resistió todo tipo de cánticos en su contra a la par de la sensación térmica que ascendía dentro de sus uniformes.
El puente quedó convertido así, por largas horas, en un camping que alojó mayoría de jóvenes y adolescentes, junto con familias completas con niños incluidos, pequeños y bebés, en un clima que llegó a picos de tensión ante la firmeza del gobierno de dejar pasar a los manifestantes sin que sean revisados.
Dejá tu comentario