12 de junio 2003 - 00:00

La izquierda iguala a Menem y Kirchner

Para el Movimiento Socialista de los Trabajadores, integrante junto con al Partido Comunista de la eufemística Izquierda Unida, la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia es una prolongación de la gestión de Carlos Menem, primero, y Fernando de la Rúa, después. Según IU, se trata del mantenimiento del «núcleo del modelo» porque el patagónico ha dicho que se propone honrar las deudas contraídas por la Argentina. En la crítica, no se salva nadie y disparan también sobre Fidel Castro, Luiz Inácio Lula Da Silva y Hugo Chávez. Sostienen que «a lo sumo se escucharon comentarios sobre un fortalecimiento de las relaciones bilaterales o del Mercosur, un instrumento económico que ha sido funcional a las multinacionales».

Desde el jefe máximo del FMI, hasta el «piquetero» D'Elía tuvieron frases elogiosas y de apoyo para Kirchner. Elisa Carrió y los legisladores menemistas hablaron de esperanza. El presidente Bush lo felicitó por teléfono y lo invitó a Washington. Por su parte el venezolano Chávez aseguró que se siente optimista, luego de conocer al nuevo presidente argentino. Declaraciones coincidentes de distintos actores políticos, sumados a los elogios de toda la prensa nacional y parte de la extranjera obligan a analizar qué posibilidad tiene Kirchner de aplicar esa política supuestamente distinta y novedosa.

Primer test para saber si va a haber cambios de fondo. El centro del modelo menemista, luego seguido por De la Rúa, fue cumplir los pagos de la deuda a costa de la entrega del país (privatizaciones, reforma laboral, desempleo, miseria, etcétera), el centro del modelo que propone Kirchner es en primer lugar pagar la deuda y destinar sólo lo que sobre a obras públicas. Eso es lo que dijo: «Si la Argentina no crece no puede pagar y nosotros queremos pagar».

Adaptado a la crisis económica y social y temeroso de otro Argentinazo, el nuevo presidente mantiene el núcleo del modelo.

La presencia en la asunción de personalidades como Castro, Lula y Chávez. Y las declaraciones de los visitantes, han lanzado a rodar la idea de un latinoamericanismo, para oponerlo a las relaciones carnales de Menem o el alineamiento automático con Estados Unidos o a la política del ALCA. Sin embargo, ninguna de las declaraciones de esas personalidades, ni mucho menos las del nuevo presidente argentino apuntaron a eso. Más bien lo contrario. A lo sumo se escucharon comentarios sobre un fortalecimiento de las relaciones bilaterales o del Mercosur, un instrumento económico que ha sido funcional a las multinacionales.

Tanto las visitas como el cuidado en mostrar este costado de la política de Kirchner responde al profundo giro antinorteamericano en todo el continente sudamericano, incluido nuestro país.

Una de las definiciones de Kirchner más comentadas fue la expresión: «reconstruir un capitalismo nacional». Un proyecto de desarrollo con, aunque sea, algún grado de protección frente a los grandes países. Pero aclaró: «No se trata de un nacionalismo ultramontano» y definió lo que pretendía, «basta ver cómo los países más desarrollados protegen a sus productores, sus industrias, sus trabajadores».

¿Es esto posible? No. Para que haya un «capitalismo nacional» es necesario que haya una clase capitalista argentina interesada en desarrollar ese proyecto. Y eso no ocurre en países como el nuestro, semicolonias de los yanquis.

Sin embargo esta definición de Kirchner refleja un debate necesario. Después de la destrucción del país a manos del menemismo, después de la derrota del modelo que significó el Argentinazo, hay que discutir un proyecto de país.

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