Aun resta decidir esferas de gobierno, por más que en la cabeza de Néstor Kirchner ya se han llenado con nombres los casilleros más importantes (los anunciará en horas). Por ejemplo, resolver con Roberto Lavagna la confusa tutela -hoy repartida entre Presidencia y Economía-sobre áreas como Producción, Energía y Obras Públicas. Ya el ministro y el futuro presidente discutieron el tema, pero nada se decidió, aunque es probable que Infraestructura y Obras Públicas se escinda como ministerio -tal vez incluyendo Energía, área que al parecer no tiene problemas en ceder Lavagna-y Producción se incluya en el organigrama del ministro reciclado (cargo para Oscar Tangelson). El periodismo ya avanzó como si esto estuviera decidido, pero en verdad hoy los dos protagonistas resolverán el tema que habían discutido el jueves.
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Nadie sabe aún si Kirchner convalidará este nuevo diagrama, pero es cierto que mantener a Lavagna lo libera de más de una preocupación. Al menos, por ahora. Y por lo tanto satisface discretas demandas del ministro, quien evitó en apariencia otros reclamos (se le atribuye la intención de colocar a un hombre en Cancillería). Lo que sí pretendió parece haberlo logrado: estar lejos de Aníbal Fernández, quien sueña con el trasvasamiento a Trabajo por el mérito de saber manejar los piqueteros. Resulta encomiable el esfuerzo de Fernández: si continúa en el gobierno lo hace contra la voluntad de Lavagna, también contra la opinión de alguno cercano a Kirchner (le cuestionan impulsar proyectos de gas sin contar con un plan estratégico). Pero, eso sí, dispone de un padrino con fuertes espaldas: Alberto Fernández, posible jefe de Gabinete o secretario general del nuevo gobierno. Ellos habrán de ser, quizás, «los Fernández» de la nueva Administración.
Crecía anoche la sensación de que Lavagna vería cercenada su autoridad: sea porque no podrá contar con Jorge Sarghini en Hacienda y ese rubro se lo concederán a un patagónico, a que también será observada la política financiera amén del nuevo Ministerio de Infraestructura con características de megacartera. Podría quedar encerrado por gente del Sur. También a Fernández, otro presunto sobreviviente y rival interno, se le enturbió el cuadro: la hermana del mandatario electo, Alicia, si jura en Desarrollo Social quiere ocuparse de los planes Jefas y Jefes de Familia. O sea, la calle en manos de la familia. A partir de hoy se empiezan a disipar las dudas.
•Intermediarios
Eduardo Duhalde, que habla poco y nada por teléfono con Kirchner -y en la mayor de las veces sobre el clima-, mantiene intermediarios que advierten sobre las condiciones del gobierno, en torno a lo que sería conveniente y lo que sería perjudicial. Más que hacerle caso, Kirchner quiere utilizar la frase que un día el presidente le dijo después de los comicios: «Goberná con tu gente, porque si lo hacés con la mía, van a pensar que sos mi Chirolita». Y eso es lo último que el santacruceño quiere ser. El duhaldismo, claro, no piensa igual.
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