Según el fallo sobre el procesamiento dictado contra altos mandos iraníes y un libanés, después del atentado contra la Embajada de Israel en marzo de 1992, “en Teherán comenzó a analizarse la posibilidad de cometer un nuevo ataque en la Argentina”. Buenos Aires ya había demostrado que podía ser utilizada como escenario de una operación de esa magnitud y, de acuerdo con la reconstrucción judicial, la estructura iraní comenzó a evaluar un nuevo objetivo.
En ese proceso aparece el activista religioso iraní Mohsen Rabbani, quien ya se encontraba instalado en la Argentina. Rafecas sostiene que comenzó a “informar, orientar y preparar el terreno para una nueva operación criminal”, mientras que agentes iraníes viajaron a Buenos Aires para evaluar las condiciones y relevar información.
La resolución ubica un momento clave el 14 de agosto de 1993, cuando el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán habría aprobado la realización del atentado contra el edificio de Pasteur. “La decisión dejó de ser una posibilidad y se convirtió en una orden criminal”, afirma el juez.
Según la resolución, la decisión fue adoptada en el máximo nivel de la estructura iraní y luego la ejecución quedó en manos de Hezbolá, que habría actuado como organización operativa para llevar adelante el atentado fuera de Irán.
Los principales sospechosos del atentado a la AMIA.
Archivo
Rafecas sostiene que la orden fue transmitida a la Fuerza Quds, bajo la responsabilidad de Ahmad Vahidi, y desde allí llegó a Imad Mughniyeh, señalado en la resolución como responsable de la estructura clandestina de Hezbolá para operaciones en el exterior.
De esta manera, el fallo describe una cadena diferenciada: Irán como ámbito donde se tomó la decisión y Hezbolácomo organización encargada de llevar adelante la operación en la Argentina.
Dos atentados y una misma coordinación
Uno de los elementos clave de la resolución aparece al reconstruir las comunicaciones realizadas durante los días previos al atentado. El juez Rafecas detectó llamados desde Buenos Aires hacia la Triple Frontera, el Líbano y Panamá.
El juez destaca especialmente tres comunicaciones realizadas los días 6, 8 y 11 de julio hacia la ciudad panameña de Colón. Allí, sostiene, “se estaba gestando en paralelo, un segundo atentado de Hezbolá, que se va a concretar al día siguiente del de la AMIA”.
El 19 de julio de 1994, un día después del atentado contra la AMIA, explotó en pleno vuelo un avión de la empresa Alas Chiricanas que había partido de Colón. Murieron sus 20 ocupantes, entre ellos integrantes de la comunidad judía local.
Para Rafecas, las llamadas realizadas desde Buenos Aires adquieren así una relevancia particular porque podrían haber servido para “mantener una coordinación entre ambas fases preparatorias, con vistas a que su ejecución sea próxima la una de la otra, como efectivamente sucedió”.
Cuatro días después, el 23 de julio, Hezbolá reivindicó conjuntamente ambos atentados, según surge de la resolución.
La Triple Frontera
Otro dato que aparece en la reconstrucción es el papel asignado a la zona de la Triple Frontera. El juez identifica allí un entramado de comunicaciones y movimientos que conectaba a Buenos Aires con Paraguay, Brasil, el Líbano e Irán. El magistrado afirma: “Buenos Aires era el escenario del atentado. La Triple Frontera, su retaguardia operativa.”
La resolución también reconstruye el recorrido de la Renault Trafic que terminó siendo utilizada como coche bomba. El vehículo fue adquirido días antes del ataque y, el 15 de julio, ya preparado, ingresó a un estacionamiento ubicado en Azcuénaga 959, a apenas cuatro cuadras de la sede de la AMIA.
La cuenta regresiva en Buenos Aires
El fallo da cuenta además de una suerte de cuenta regresiva de 18 días. El 1 de julio comenzó la fase material de preparación en Buenos Aires. Salman recibió en Ezeiza a un integrante del grupo operativo y comenzó una serie de comunicaciones con la Triple Frontera.
Días después apareció en escena la Renault Trafic que terminaría convertida en coche bomba. El 15 de julio, ya cargada con explosivos, fue dejada en un estacionamiento ubicado a cuatro cuadras de la AMIA.
Dos horas antes de la explosión, Salman realizó una última comunicación desde Aeroparque. Para el juez, para ese momento “la operación había llegado a las puertas del inicio de su ejecución y consumación”.
El 18 de julio de 1994, a las 9:53, el conductor suicida retiró la camioneta, recorrió unas cuatro cuadras y la hizo estallar frente a Pasteur 633. Murieron 85 personas y más de 150 resultaron heridas.
“El ataque terrorista no comenzó a las 9:53. A esa hora se ejecutó”. Antes, señala, hubo ingresos de integrantes del grupo, comunicaciones, movimientos, inteligencia, coordinación internacional, adquisición del vehículo y preparación de los explosivos.
La explosión de Pasteur 633 fue “el resultado de una operación clandestina de carácter internacional”, que —según el juez— se desarrolló mediante “movimientos coordinados, comunicaciones permanentes y decisiones” hasta culminar en el atentado.
Y agrega sobre el antecedente de 1992: “Era la segunda vez, en poco más de dos años, que Buenos Aires era golpeada por un atentado terrorista de esa naturaleza. Antes había sido la Embajada de Israel. Ahora era el edificio de la AMIA/DAIA.