6 de febrero 2002 - 00:00

Lanza Duhalde cambio institucional a fondo del país pero riesgoso

Eduardo Duhalde usará una cumbre con gobernadores para anunciar un audaz y riesgoso proyecto: llamar a una reforma constitucional que permita una reducción del gasto político con menos senadores y sin Consejo de la Magistratura, pero que produzca, además, el cese de todos los mandatos legislativos en la Argentina. Una modificación podría sancionar la caducidad de los mandatos y cambiar el sistema de gobernar el país: un presidente que gane asumirá con una Legislatura propia y podrá avanzar sin oposición para sacar del Congreso las leyes que necesite.

Ese sistema se aplicó en varias provincias argentinas, como Neuquén, pero una reforma reciente lo modificó por el que rige tradicionalmente en el orden nacional: renovación por mitades para ponerle frenos a un eventual gobierno que se desmande y ejecute actos soberanos con hegemonía absoluta en el Congreso. Ese sistema rige ya de facto en la Capital Federal, donde se han elegido ya dos Legislaturas sin que se cumpla el precepto constitucional de sortear qué bancas deben cesar para permitir la renovación por mitades.

Son dos maneras de ver la tarea de gobernar: la que se propone refuerza la capacidad de acción de un presidente que, si gana con fuerza, arrasa en la elección de cargos legislativos. La que rige hoy se pensó, como muchas instituciones, para limitar a los gobiernos dictatoriales. Por eso, se establecieron las elecciones por mitades de los diputados y por tercios en el Senado, para compensar esas hegemonías históricas. Lo demuestra el hecho de que al peronismo que ganó en 1987 las elecciones legislativas le llevó dos elecciones lograr la mayoría que manejaba la UCR desde 1983.

Pertenece al mismo tipo de mecanismos antihegemonía la limitación de las reelecciones, algo que en 1994 se mitigó en la reforma, ya que la constitución del 1853-'60 se les prohibía a los presidentes que fuera consecutiva. En el orden provincial, la Argentina parece demostrar que la reelección permanente es el dato común de las administraciones más exitosas. Lo prueban San Luis (Adolfo Rodríguez Saá), La Pampa (Rubén Marín), Salta (Juan Carlos Romero), Santiago del Estero (Carlos Juárez) o Santa Cruz (Néstor Kirchner), que mantienen las mejores marcas de estabilidad, baja deuda, menor desempleo, equilibrio presupuestario con mandatarios que tienen reelección permanente.

Es obvio que un gobernador que aspira a permanecer en el cargo se va a conducir con prudencia, porque será el beneficiario de la buena administración.

Frente a eso, se alza la doctrina que prohíbe las reelecciones; Mendoza o Santa Fe no las tienen, y se ha argumentado que las crisis que han sufrido en algún momento tiene base en la incapacidad de que un gobernador administre pensando en el largo plazo. Más aún, puede pensar en gastar sin control o tomar deuda por encima de las capacidades de pago, porque, en definitiva, el que venga pagará las facturas pendientes.

El gobierno terminó anoche de dibujar el primer producto para el canje con los socios de la UCR para que acepten colaborar en esa reforma: que se reduzca la representación de las provincias en el Senado de tres a dos legisladores, pero que éstos sean elegidos con el sistema d'Hont, que permite que cada uno de ellos sea representante de un porcentaje de la población provincial.

La idea del Presidente, que ayer le puso fecha a su salida del gobierno, es que se cumpla el sueño máximo de todo fundador: la purga de la dirigencia política que él mismo calificó de la peor manera («es una mierda», dijo hace poco). Anoche, el quincho de Olivos reabrió para asistir a una reunión del presidente designado con los delegados del Congreso con más experiencia en reformas, entre quienes estaban los senadores Juan Carlos Maqueda, JorgeYoma y el ministro Rodolfo Gabrielli. La convocatoria obedece a la intención de que el cambio político que discutirá hoy el Designado con los gobernadores incluya el acuerdo para una reforma de la Constitución que comprometa a las provincias en una efectiva reducción del gasto.

La novedad de esta idea reformista obligó al gobierno a postergar el anuncio de los detalles que contendrá la modificación para el próximo viernes, con lo cual la cita que organiza hoy Gabrielli con los gobernadores se limitará a la firma del acta de compromiso para esa reforma, pero no lanzará los puntos concretos de lo que incluirá.

La decisión de postergar el lanzamiento del cambio se tomó ayer en Casa de Gobierno como resultado de una reunión que mantuvo Duhalde con José Manuel de la Sota, Gabrielli y el riojano Yoma, en la cual el proyecto del ministro del Interior fue revisado a fondo y no pasó el examen. De la Sota se atribuye el rol de ser el padre de todas las modificaciones porque logró reducir el sistema político de su provincia. La circunstancia de que en Córdoba se vote antes que en las otras provincias por la alteración institucional post Angeloz lo ha convertido, además, en un alquimista, y «el Gallego» vive imaginando cómo esa circunstancia puede usarla en beneficio de sus pretensiones presidenciales.

Aunque De la Sota es hoy el duhaldista más convencido (antes fue el gobernador más menemista y, después, el más delarruista, y le fue bien con ese estilo), cualquier proyecto de cambio le sabe a poco, y más si Duhalde pretende birlarle el cetro de reformador.

De la Sota y Yoma dedicaron su intervención ante Duhalde y Gabrielli a explicarles que el proyecto oficial que se iba a anunciar hoy concentra todo en la reducción de las partidas dedicadas a pagar el sistema político, pero que no impide que el gasto siga intacto. El paquete que preparó Gabrielli disminuye partidas, pero no compromete, según esta óptica crítica, a las provincias en la reducción efectiva de la cantidad de cargos legislativos en provincias y municipios. Esto sólo puede ser logrado mediante una reforma constitucional que también toque las constituciones provinciales.

«Con este proyecto -dijo uno de los críticos-, se le saca plata al que está en la oposición, porque el que gobierna sigue teniendo los medios para pagarle a su gente con fondos reservados y otras yerbas.»

Para terminar de convencer a Duhalde de ir más a fondo en la reforma, le dijeron que un cambio de la Constitución permitiría cumplir el proyecto más acariciado por el Designado: que el año que viene se elijan en el país no sólo presidente y vice, sino también legisladores nacionales.

Eso lo lograría solo Duhalde mediante una modificación constitucional que resuelva la caducidad de todos los mandatos. El sistema cambia el método de gobierno en que se basó el sistema constitucional argentino, que pedía la renovación por mitades del Congreso como una forma de amortiguar la hegemonía que podría lograr un presidente que arrastre legisladores en una buena elección que le diera la mayoría en el Congreso.

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