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21 de mayo 2003 - 00:00

Lavagna, para ajustar, y los Kirchner, para gastar

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Sí aparece otra divisoria de aguas, más nítida, que tal vez tenga consecuencias políticas en poco tiempo. Hay un ala del nuevo gobierno que estará dedicada a cumplir con la áspera tarea de ajustar, restringir, pagar.Y otra que sueña con expandir, donar y, dicho en términos políticos, cobrar. La primera tiene una cabeza identificable: Roberto Lavagna. La otra, también: el propio Kirchner.

Si se sigue con la vista la frontera trazada por el nuevo presidente en las funciones del Estado y las formas de atribuirlas dentro de su team se advertirá que las áreas más simpáticas de la gestión, si es que existen, estarán identificadas con él o con su gente. La acción social, por ejemplo, llevará su marca hasta por el apellido de la ministra, Alicia Kirchner. Si lo dejaran, el canciller Bielsa diría que hasta el parecido físico entre estos parientes es una forma de «apropiación simbólica» del capital político que se acumula distribuyendo comida, ropa, asistencia.






El cuidado por diferenciar así los roles, encomendando a un Ministerio de Economía reducido las labores menos rentables en el campo electoral, no responde solamente a una hipótesis mezquina de crecimiento político. Es también la consecuencia de una presunción que anida en Kirchner: desde el verano él cree que Lavagna sueña con ser presidente y que en ese empeño hasta conspiró contra las aspiraciones de quien ahora es su jefe, alentado por Carlos Ruckauf. Cuánto permanece, pasada la campaña y alcanzado el triunfo, de esos recelos, es un interrogante insondable. Pero sólo si se lo tiene en cuenta se termina de comprender por qué es como es el Gabinete que Kirchner le propuso ayer al país.

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