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En realidad Kirchner estuvo sereno, casi como dopado, midiendo sus palabras. También esto era lógico porque se arriesgó a un diálogo abierto, sin agenda con los periodistas y sobre temas delicados. Aunque desee fervientemente triturar a Duhalde sabe que la provincia de Buenos Aires es tan difícil como fuerte y que un Congreso para desconfiar en el Senado e insuperable en Diputados por la cantidad de legisladores bonaerenses le puede hacer la vida imposible, salvo que quiera ser el otrora peruano Fujimori que lo disolvió. No está en eso. También sabe que aunque sumó milicias pique-teras propias en la calle, al mando de Luis D'Elía, no puede competir con la cantidad de activistas de los municipios bonaerenses a los que eventualmente se le sumarían contra el gobierno los piqueteros de Castells y otros de ultraizquierda.
No es menor su certeza de que la jugada de «Cristina Kirchner en la Capital Federal o en la provincia bonaerense» no pasa hoy de ser una cosquilla para el duhaldismo. Las encuestas pagas del gobierno le hacen dar 78% y hasta 80% de popularidad para la primera dama pero eso es Por eso es tan vital para el oficialismo que logre una nueva ley de coparticipación con el manejo unilateral de fondos del Estado que estima indispensables para su futuro político.
Tanto es así que ayer circulaba una versión de hechos muy significativa. La guerra con los bonaerenses habría sido cuidadosamente planeada, casi como una estrategia, y habría sido lanzada a partir del aumento de $ 150 a los empleados públicos nacionales que ganen menos de $ 1.000, sabiendo que automáticamente complicaría la gobernabilidad en todas las provincias cuyos empleados provinciales y municipales también lo reclamarían, con el agravante que los trabajadores de menos de $ 1.000 son mayoría en sus nóminas.
En cambio en la Nación no (el sueldo promedio del empleado público en el orden nacional es hoy de $ 1.200). Con eso sólo a la provincia de Buenos Aires le complicó la vida en $ 400 millones en el Presupuesto anual (precisamente la provincia reclama una deuda de la Nación de $ 476 millones equivalente a ese monto y la Casa Rosada se la desconoce para no aliviarla).
A este problema con sus empleados, por tal aumento, complican también a las provincias los fuertes vencimientos del año que viene por la deuda emitida.
Se afirma que lo que está haciendo el gobierno es prometer a las provincias ayuda financiera el año próximo sin aclararles mucho qué les exigirán. Con eso logró el gobierno adhesiones impensadas para cercar al duhaldismo. Hasta el gobernador de Tucumán,
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