12 de noviembre 2003 - 00:00

Llamativa suspensión de sesión en el Senado

Cristina Fernández de Kirchner no resigna el gerenciamiento del Senado, ni siquiera cuando hay sesiones sin temas conflictivos. Ayer, Miguel Angel Pichetto hizo correr la voz de que hoy no habrá plenario, a pesar de que desde la semana pasada existía un llamado para esta tarde.

Aunque nadie lo dijo explícitamente, la razón no sería otra que los compromisos protocolares de la primera dama y senadora santacruceña con motivo de la visita de los reyes de España a la Argentina y, en esta jornada, a la cuna misma del kirchnerismo, el Calafate.

Como ella no podrá estar en el recinto, se optó por levantar la convocatoria y evitar posibles retos.

Pichetto había pedido el jueves pasado a una de sus colaboradoras, directora del bloque PJ, que convocara para este mediodía a la reunión semanal de bancada. En el memorándum que hizo redactar el jefe de la escudería oficialista, se incluía el Estatuto de Roma en el temario a considerar y se adelantaba una convocatoria al hemiciclo senatorial para las 15.30.

En la víspera, esta vez sin que mediara comunicado por escrito, Pichetto avisó que quedaban suspendidas las actividades del bloque, así como la correspondiente sesión. No fue necesario que hiciera mayores aclaraciones: sus interlocutores descifraron de inmediato que Cristina de Kirchner no quería que hubiera cita del pleno durante su ausencia.

El efecto del anuncio del rionegrino se hizo notorio en el tablero de asistencias a la Cámara alta. Pese a que ayer se sustanció una ronda con testigos sobre el juicio político a Eduardo Moliné O'Connor (ver nota aparte), no había más que una treintena de los 70 legisladores que integran el cuerpo en el Congreso.

Cristina de Kirchner
ya no disimula que maneja a su antojo el Senado. En el mismo recinto, ya desplazó a Pichetto como virtual mandamás del bloque -no obstante que rara vez (desde diciembre de 2001 cuando reasumió la banca) suele asistir a sus conciliábulos domésticos-, a la hora de cerrar la lista de oradores.

Tampoco se priva de reprender a
Daniel Scioli y conducir ella misma hasta las sesiones en el propio recinto, subsumiendo en una sola persona -y de hecho- el poder de presidir el oficialismo y, al mismo tiempo, el ala parlamentaria que representa a las provincias, cargo que -según la Constitución nacional- le corresponde al vicepresidente.

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