Tras la fallida experiencia de lanzar en una asamblea -y que ésta lo despedazara- el nombre de Alieto Guadagni como ministro de Economía, Eduardo Duhalde se reservó otro operativo para esa futura designación. Fue luego de un duro diálogo con varios gobernadores.
-Bueno, ¿estás a favor de acordar con el FMI o no?, le preguntaron.
-Sí, ya lo he dicho, dijo Duhalde con vergüenza.
-Hay que decirlo fuerte, le insistieron.
-Yo lo he dicho -se atajó-, pero los diarios no me lo publican.
-Mirá, las tapas de los diarios tenés que hacerlas vos.
Pasó ese momento y, luego, se habló de los candidatos.
Duhalde se les había presentado desde la noche del martes con el ánimo entregado:
-Hagan como si ustedes fueran yo, decidan el plan, decidan la gente, hagan lo que crean más conveniente.
Enfático en el reclamo de una línea, el Misiones de Carlos Rovira sintetizó el ánimo de todos: «Si estás pensando en alguna salida populista decilo acá porque se terminó todo».
-No hay plan B, el plan es el que conocen y estamos acá para que avance del todo.
Le aconsejaron en el acto designar en Economía a alguien «de afuera», tipo Calvo (Guillermo) o Petrei (Humberto). Se debatió eso y, en todo caso, se convino en que sería casi extravagante traer a alguien que está desde hace mucho tiempo fuera del país. «Sí, tal vez, como asesores.» Y vino la conclusión: ¿por qué no preguntarle al FMI, al Banco Mundial o al BID para ver a quién ellos aconsejan?
Duhalde llamó a Enrique Iglesias, hablaron sobre Calvo, también sobre Petrei, se concilió que podían ser asesores -como ya lo fueron de Roque Fernández en tiempos de Carlos Menem- y, en el diálogo, el Presidente interrogó: «¿Y qué pensás de Roberto Lavagna?». Desde el otro lado de la línea, hubo consentimiento. Por eso anoche Lavagna viajaba desde Bruselas luego de que lo llamase el Presidente a las 16 de ayer. También Calvo llegará el viernes, para dialogar con Duhalde y con Remes, aunque sea como asesor.
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