Furia y vergüenza desataron en el gobierno argentino las duras declaraciones del mandatario uruguayo Jorge Batlle, quien habló de una fuerte corrupción en el país y señaló que Eduardo Duhalde es un presidente débil y sin rumbo. Por no hablar de las reacciones en el palacio político, el Congreso, donde se escandalizaron mucho más con esos dichos sobre la corrupción. La Cancillería citó al embajador uruguayo, Alberto Volonté, y exigió explicaciones diplomáticas para lo que no merece ninguna explicación ya que, por otra parte, Batlle manifestó lo que piensa una gran parte del pueblo argentino. Aun así, el escándalo parecía de envergadura y se inscribe en el cuadro de la ruptura (Uruguay ya rompió hace poco con Cuba), pues no resulta habitual que un presidente se exprese en esos términos procaces sobre una nación vecina (y que se supone amiga). El uruguayo ha utilizado la diplomacia muchas veces habitual en Fidel Castro -quien hasta reconocía públicamente que enviaba ayuda y hombres para voltear a otros gobiernos- y que nunca escandalizó demasiado. Por otra parte, el mismo Batlle era un hombre -sobre todo de joven- que cada tanto profería expresiones de duro y polémico tono, estilo que modificó pues lo alejaba de la Presidencia. Ahora, ya en el gobierno, recupera esa ironía y descarnada prosa que lo caracterizaba entonces, sobre todo en una tertulia agresiva con un periodista sin saber que lo estaban grabando. Vale señalar, sin embargo, alguna confesión de otro eminente mandatario uruguayo -en su momento, de máxima confianza del propio Batlle-, quien en una reflexión off the record con periodistas de este diario (casi semejante a la nota ahora divulgada por «Bloomberg») estimó que en el Uruguay se lamentaba no tener una dirigencia sindical como la Argentina, ya que por su naturaleza corrupta ésta negociaba los paros mientras la oriental, ideologizada, siempre se oponía a cualquier medida que no respondiera a las pautas políticas de la izquierda. Bueno, se le preguntó, eso significa que en el Uruguay no hay posibilidades de gente corrupta. A lo que respondió con un gracejo característico: ocurre que somos un país chico, sin grandes negocios ni licitaciones importantes, razón por la cual nadie o casi nadie quiere ensuciarse por nimiedades. Singular interpretación sobre la honestidad humana, no sólo argentina o uruguaya. El gran drama del gobierno Duhalde es que, a pesar de que le gustaría agrandar esta diferencia con Batlle, sabe que al margen de los reparos diplomáticos y los excesos verbales y no frecuentes del presidente vecino, sus palabras tienen una vigencia demoledora y cuesta defender lo que no es defendible.
El presidente Batlle, se retractó en declaraciones ante la prensa, de sus duros dichos sobre la Argentina.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
«¿Sabe cómo se manejan las cosas en la Argentina? ¿Sabe la clase de volumen y magnitud de corrupción que hay en la Argentina?», interrogó Batlle, golpeando la mesa durante la polémica entrevista concedida a Bloomberg TV. «No compare a la Argentina con el Uruguay, ¿o usted es un ignorante absoluto de la realidad argentina y de la realidad uruguaya?»
Según aclaró más tarde, el mandatario uruguayo creyó que sus declaraciones correspondían a una «conversación privada» y que la entrevista ya había concluido.
«Arregle sus problemas en la Argentina y no se meta con el Uruguay. Somos dos países diferentes», le espetó a uno de los periodistas que lo interrogaban.
Uruguay, cuya economía de u$s 20.000 millones ha dependido de la Argentina para casi un quinto de sus exportaciones y alrededor de la mitad de su actividad turística, es el país que más se ha visto afectado por la crisis económica y financiera de su vecino.
Dejá tu comentario