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Ayer terminó de tejerse la alianza entre los diversos sectores que confluyen en la operación que pretende desplazar a Daer, herido en su propio sindicato por una asamblea dudosa, que debe convalidar el Ministerio de Trabajo que conduce Carlos Tomada.
El experimento sindical es un arma de doble filo para el gobierno. Durante la tarde de ayer, hubo reuniones reservadas para combinar cuál será la delegación de 6 hombres que lleve el sindicalismo a la mesa « federal» que se constituye en el PJ. Descartaron a Armando Cavalieri casi de plano: como sucede con Ramón Puerta con el gobernador de Misiones, Carlos Rovira, los gremialistas que aspiran a ocupar bancas en el PJ tacharon el nombre del «Gitano» con este argumento lleno de gracia: «Desde que se festejó el triunfo de Héctor Cámpora en Parque Norte se ha convertido en un gremialista K; ahora firma Kavalieri». Como se informó en este diario, el representante de los empleados de comercio alojó en los dos hoteles que su organización tiene en Capital Federal a los más ortodoxos adherentes del Presidente, llegados todos desde Santa Cruz.
A la combinación entre el MTA (Hugo Moyano, Juan Manuel Palacios, Omar Viviani), los duhaldistas (Gerónimo Benegas, Francisco Gutiérrez, Miguel García), el Movimiento Obrero con Propuestas ( Antonio Cassia, Vicente Mastrocola, Oscar Mangone, Andrés Amoroso) y dirigentes ligados a Luis Barrionuevo, anoche se le sumaron dos sindicatos clave: Construcción (Gerardo Martínez) y empleados públicos ( Andrés Rodríguez). La liga comienza ya a tener algunas tensiones internas.
Los dirigentes del MTA, que responde a Moyano, pretenden que sea su líder el que comande la nueva CGT unificada. Para Cavalieri y para otros «gordos» como Carlos West Ocampo (quien podría representar a cualquier gremio menos al de educación) se trata de una hipótesis insultante. Sobre todo para el dirigente mercantil, quien viene de quedar humillado por la preferencia del gobierno por Moyano en el controvertido caso Carrefour. «Yo no me arrastro por el fango como él, yo lo voy a pelear en tribunales», repite Cavalieri para justificar cierta moderación (la barra de camioneros habló de «arrugue de barrera», de manera casi insultante) al recibir a su enemigo en el recreo Parque Norte/Tierra Santa. Apuesta acaso temerariamente Cavalieri a cómo le va en la Justicia, donde habitualmente pierde todos los pleitos por encuadramientos (hubo uno en el que lo derrotaron hasta en la Corte).
El plan que se negociaba ayer consiste en intervenir en la nueva composición del PJ y llevar la operación sobre la CGT para mayo, cuando se convoque al Congreso de esa central. Aquí es donde empieza la pelea: los «gordos» quieren desplazar a Daer pero no toleran que en su lugar vaya Moyano. Sólo lo admiten, a regañadientes, cuando imaginan la cara de Cavalieri ante ese baldón pero ni eso les da consuelo.
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