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Como es obvio, este movimiento de cuerpos ya castigados (recordar que a Perón le amputaron las manos en tiempos de Raúl Alfonsín) tiene un propósito político: San Vicente es territorio del propio Eduardo Duhalde (más exactamente de la Intendente Brígida, esposa del secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Antonio Arcuri). Por lo tanto, cuando se retire de la Casa Rosada pasará a administrar el patrimonio histórico del partido (al menos de sus dos jefes fundadores) y, en la jornada del próximo 17, se adornará con toda la tradición peronista en tiempos no casuales de internas.
La elección de la quinta no es caprichosa ya que allí, además hoy de museo, fue feliz residencia de la pareja, solar que le obsequiaron a Perón los generales Embrioni y Mercante (éste era dueño de vastas tierras en la zona, luego convertidas en el country El Paraíso). En aquellas épocas, tanto Embrioni como Mercante utilizaban la quinta para solaz de sus fines de semana. Mientras el especialista -también justicialista de la zona norte, Alfredo Péculo-hoy se ocupa de restaurar el cofre y el cajón que albergan los restos del general, la familia de éste ya prestó su conformidad para el traslado. En cuanto al futuro de Evita, queda pendiente la aprobación de una de las hermanas vivas, gestión que aparentemente ya lleva avanzada Antonio Cafiero. Entonces, se avecina un 17 de octubre distinto, como siempre politizado.
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