17 de diciembre 2003 - 00:00

Malestar en cumbre por desplante presidencial

Montevideo (corresponsal) - Una silla vacía con la banderita argentina en su frente durante la conferencia de prensa fue la foto que más impresionó en la reunión de jefes de Estado del Mercosur. Nadie sabe si por olvido, según la visión de Eduardo Duhalde, o por un nuevo desplante al anfitrión, Jorge Batlle, el presidente Néstor Kirchner se fue antes del encuentro regional. Es que su presencia en Montevideo desde las 18 del lunes hasta las 15 de ayer se caracterizó por una cadena de hechos que -si bien pueden parecer anecdóticos- continúan encrespando las aguas de la relación bilateral y dificultan la nueva gestión de Eduardo Duhalde como componedor de entuertos.

Primero, Kirchner recibió en el Hotel Victoria Plaza, donde se alojó a familiares de la nuera de Juan Gelman, el ex montonero que logró apoyo presidencial argentino para reclamar por el esclarecimiento de la desaparición de la mujer identificada como María Claudia Irureta. Por este hecho, organizaciones políticas y sindicales de izquierda y organismos de derechos humanos denunciaron al gobierno uruguayo de no querer ir al fondo de la investigación. De nada sirvió que Batlle haya intentado alegrar el clima del traspaso del mando -Kirchner es el nuevo presidente pro tempore del Mercosur- al llamarlo «mi amigo» y entregarle el martillo que simboliza el mando de la cumbre presidencial. El argentino no sólo dejó la cumbre para reunirse con familiares de detenidos desaparecidos durante el Proceso militar en Uruguay, sino que las dos únicas visitas políticas que hizo tuvieron claros destinatarios: Tabaré Vázquez, en el hotel y en la Municipalidad de Montevideo, y Lula y Lagos, junto con quienes recibió las llaves de la ciudad. Para colmo, concurrió una hora tarde a la cena con la que Batlle agasajó a los jefes de Estado que llegaron para el encuentro aunque Lula tampoco fue. Pero el brasileño, que suele simular mejor sus estados de ánimo, lo justificó con que el avión que lo trajo de Brasilia debió demorarse y por eso se fue directamente al hotel donde se hospedó. De todos modos, mostró siempre una sonrisa diplomática ante Batlle, con quien incluso departió varios minutos a solas mientras esperaban a Kirchner para la conferencia de prensa a la que finalmente no fue. Al santacruceño, sólo se vio sonreír cuando fue efusivamente saludado por Víctor de Gennaro, uno de sus sindicalistas preferidos, que ayer también estuvo en la cumbre pero no se sabe, ciertamente, en qué función.

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