El programa final de «Cantando por un sueño» de Marcelo Tinelli ofrecía mucho cotillón, pero pocas sorpresas. Nadie dudaba de que la hija de Juan Carlos Calabró, Ileana, ganaría ese extraño concurso. No parecía importar que la otra pareja finalista, Rodolfo Ranni y Lorena Miranda, tuviera claramente dotes vocales mucho más asentadas ni que sus temas fueron menos pasatistas.
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Pero por si algo de la puesta fallaba, Tinelli prefirió anunciar dos curiosas donaciones antes del conteo de los votos. Jorge Telerman no quiso quedar fuera de la pantalla y donó dos equipos de rayos nuevos, tres equipos portátiles de rayos, una camilla quirúrgica, una camilla oftalmológica, dos estufas de esterilización, una lámpara sialítica para quirófano, camas de internación y mesas de luz. Todo para el Hospital Municipal de Punta Alta que apadrinaba Ricardo Rubio, el compañero de Ileana Calabró.
Aprovechó Telerman para jugar en medio de ese exitismo con las deficiencias sanitarias de los bonaerenses, asistidas así desde el más completo sistema de hospitales porteños. Algunos de sus directores médicos, que reclamanequipamiento, no pensaronlo mismo.
No fue el único que apostó al éxito seguro: Antonio Caselli, hijo del ex embajador en la Argentina Esteban Caselli, en su rol de embajador de la Soberana y Militar Orden de Malta, le donó al mismo hospital u$s 114.000 en medicamentos y, por las dudas, otra cifra igual a la Fundación Ideas del Sur de la productora de Tinelli.
Ambos apostaron bien: minutos después Calabró y Rubio se quedaban con todos los premios. El «sueño» de la otra pareja quedó allí, como pintado.
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