Mientras a Cristina de Kirchner no le costará demasiado controlar el Congreso -asume con un número de diputados y senadores propios nunca igualado-, la oposición ve cada día más complicado el reparto de los cargos que le corresponden.
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Definir quién es el jefe de la oposición no es una tarea tan banal como la presentó Elisa Carrió, apelando casi a una mera cuestión de liderazgo y votos. De ese puesto de la primera minoría dependen la vicepresidencia segunda de la Cámara, la presidencia de la Auditoría General de la Nación y una representación en el Consejo de la Magistratura. Y la elección no es tan simple como parece. Esos puestos hasta ahora estaban en poder de la UCR, que pretende retenerlos más allá de que la Coalición Cívica de Elisa Carrió los supera en cantidad de bancas en Diputados. Y a pesar de que el radical Gerardo Morales se mostrará predispuestoa unificar fuerzas en los recintos para enfrentar al gobierno y que hasta Carrió ahora piense en sentarse a hablar con el macrismo, la pelea por los cargos continuará.
Uno de los casos típicos es el de la Auditoría. Allí, cada Cámara coloca tres auditores generales: dos por la mayoría y uno por la minoría. Esos puestos están cubiertos y los que se deben renovar este año se aprobarán antes del recambio legislativo. Por lo tanto, poco podrá hacer la Coalición Cívica para quedarse con ellos.
Para la Presidencia de la Auditoría -puesto que sí pertenece directamente al primer opositor-, el reglamento establece que los presidentes de las cámaras deben acordar a qué fuerza se le otorga: en el Senado la Coalición Cívica tendrá cinco senadores; y la UCR nueve, mientras que en Diputados la relación es 35 a 29. Recién detrás viene el macrismo. Por lo tanto, será difícil también que la pelea se resuelva sin sangre, sin contar que los 14 radicales K de Diputados también intentarán mediar en la cuestión.
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