Carlos Menem lanzó ayer formalmente su campaña presidencial. Fue en Sierra de la Ventana, es decir, en un distrito de la provincia de Buenos Aires, feudo de su principal adversario interno, Eduardo Duhalde. Fue durante un seminario organizado en el Hotel Provincial de esa localidad (una típica construcción «peroniana», similar a la del complejo de Embalse, aunque más pequeña). Allí concurrieron unos 1.000 dirigentes convocados por el menemismo más estricto: Roberto Fernández, Javier Mouriño, Ana Mosso (lanzada por el ex presidente a la gobernación mendocina), Jorge Rodríguez, Claudio Sebastiani, Alberto Lestelle, Juan Carlos Rousselot, Fernando Galmarini, Oscar Talia, Jorge Igounet, Alicia Martínez Ríos, entre otros.
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Durante su discurso, Menem retomó los principales tópicos que prometió tratar ni bien dejó la primera magistratura, en una demostración llamativa de constancia argumental: la reforma constitucional, la regionalización y la dolarización. Si fue tenaz en sus propuestas, en cambio Menem innovó en el plantel para explicitarlas: designó a Jorge Raventos como nuevo vocero (periodista, fue durante años el portavoz de Guido Di Tella en la Cancillería).
Si bien se mantuvo dentro de cánones muy moderados, el riojano arrancó en dos oportunidades una sonrisa de su auditorio. Una, cuando aludió a los que «necesitan viajar a Europa para enterarse de que el mundo está globalizado» (se detuvo allí, sin nombrar a Eduardo Duhalde, el destinatario del dardo). La otra, cuando dijo, mientras él mismo se tentaba de risa: «Pido disculpas a los que me van a atacar por esto, pero el único que puede sacar al país de esta penosa situación se llama Carlos Saúl Menem» (la frase terminó casi en una carcajada que contagió al resto).
La charla y todos los movimientos de Menem estuvieron envueltos en comentarios sobre sus acciones inminentes. Se supo, por ejemplo, que el lunes recibirá en La Rioja a Roque Fernández y a un equipo de economistas para organizar la presentación que hará en los Estados Unidos sobre la Argentina. Sobre ese viaje se comenzó a asegurar que habrá un momento para que el ex presidente se entreviste, a solas, con George W. Bush (hay quienes aventuran que el mandatario norteamericano podría aparecer casi casualmente por la hacienda de su padre, en Maine, donde Menem estará de visita).
Menem propuso ayer reformar nuevamente la Constitución para instalar el sistema de enmiendas, insistió en la dolarización de la economía y en dividir el país en cinco regiones. «Hay que ir directamente a la dolarización de la economía para que desaparezcan las muchas monedas que hoy existen y que no valen nada, para tener una fuerte y con valor», dijo al hablar en la inauguración del seminario Segunda República-Menem 2003 organizado por sus partidarios. En ese marco, propuso dividir al país en cinco regiones y a la provincia de Buenos Aires en dos zonas, y precisó que «la nueva estructura podría llamarse Provincia del Plata». El ex mandatario agregó, dentro de las reformas, que un futuro gobierno no debería tener vicepresidente en su conformación, al explicar que «lo aconsejo porque lo sufrí en carne propia: no quiero vicepresidente» (mensaje dirigido a Eduardo Duhalde pero, sobre todo, a Carlos Ruckauf.
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