Carlos Reutemann junto a Carlos Menem y Juan Carlos Romero. El riojano logró lo que ningún otro candidato del PJ: la adhesión del santafesino.
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Néstor Kirchner, quien en varias oportunidades se refirió a Reutemann con desdén, seguirá en los próximos días apelando a los dos recursos de campaña que le acercó Duhalde para el tramo final de la competencia: la figura de Roberto Lavagna y lo que queda del aparato peronista bonaerense después de las internas en las que los capitostes de esa maquinaria «escrituraron» sus candidaturas en una interna adelantada.
Es todo un problema la combinación: Lavagna debería provocar la idea de racionalidad económica y gobernabilidad, dos rubros en los que Kirchner aparece como «sospechoso». Pero todo lo que puede aportar es poco si se lo combina, como sucederá esta semana, con la movilización de la dirigencia del conurbano, acostumbrada por los Duhalde a los discursos demagógicos. De cualquier manera, no habrá que esperar demasiado de Lavagna. El ministro de Economía hace proselitismo con tan poco entusiasmo que su aporte parece ser más hijo de la presión que de la convicción política. El y Kirchner siguen distanciados.
«Lupín» jamás entusiasmó a los coroneles del duhaldismo pero embargo el jueves hará la última apelación a ese recurso y hablará en un acto que le organizará Alberto Ballestrini en La Matanza. Antes estará en La Plata y aparecerá al lado de Felipe Solá, quien no termina nunca de desmentir su juicio sobre los gobernadores petroleros como Kirchner: como les sobran los recursos hasta pueden imaginarse presidentes sin, al parecer, tener demasiado mérito para serlo. ¿Fue el primer guiño de Solá hacia el riojano?
Menem apuntará a abreviar la separación con los que jamás lo votarían por tener un juicio negativo sobre sus gestiones anteriores. Intentará mostrar que es capaz de cambiar y mostrar algo nuevo: hoy presentará a 200 colaboradores, sus «equipos y programas técnicos», una multitud de caras desconocidas lo suficientemente numerosa para que nadie crea que se llevó el cargo que está soñando antes del resultado final de los comicios. Después estará en lugares donde no le ofrecen desafíos: con empresarios de la Fundación Mediterránea y con Rubén Marín en La Pampa, acaso el político más gravitante hoy a su lado, sin que se trate de un menemista. Pocas innovaciones, entonces, hasta el jueves, donde se conocerá el resultado de la apuesta que jugó contra su propio entorno al decidir, a solas, presentarse en la cancha de River.
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