1 de enero 2018 - 08:51

Mortalidad infantil: las alarmas aún no se han detenido

Mortalidad infantil: las alarmas aún no se han detenido
Días atrás se ha dado a conocer el Informe Anual de Estadísticas Vitales del país correspondientes a datos del año 2016. Entre éstas se encuentran las Tasas de Mortalidad Materna, Infantil y Neonatal.



El informe señala una línea en la información estadística que ha sido trasversal a todos los gobiernos y cuya confección no ha recibido cuestionamientos. Por ejemplo, la TMI se ha mantenido desde 2015 en 9,7 niños menores de un año fallecidos por mil nacidos vivos. Inclusive, en los últimos tiempos la Argentina se ha caracterizado por un menor descenso en términos porcentuales de la TMI respecto de países vecinos como Chile y Uruguay. Esto ha producido un amesetamiento de un dato que debería tener un descenso constante a largo plazo como consecuencia de los avances en la medicina. Este fenómeno ha ocurrido en 3 oportunidades en los últimos 20 años (1997-1998, 2001-2002, y 2006-2007). Más aún, en el informe actual sólo 11 de las 24 jurisdicciones nacionales disminuyeron el número de decesos a diferencia de 2015, que 19 provincias la habían descendido.



Más allá de estas cifras que representan familias con heridas abiertas para siempre, también es pertinente poner la mirada en otros puntos del informe. Casi la mitad de los niños nacidos en la Argentina en el año 2016 tuvieron como madres a mujeres que no alcanzaron a completar la secundaria (322 mil de 728 mil). Uno de cada cinco niños nacidos en la Argentina tiene una madre que no completó la primaria. Uno de cada 7 niños nacidos en la Argentina tiene una mamá adolescente.



Según Unicef (2007), en su reciente informe "La pobreza monetaria en la niñez y la adolescencia en Argentina" casi el 50% de los niños y adolescentes argentinos vive en situación de pobreza y uno de cada 10 niños o adolescente en extrema pobreza. Si a esto le sumamos que el grupo de 13 a 17 años (el de las madres adolescentes) es el grupo etario con mayor porcentaje de pobreza (51%), las conclusiones son obvias. "... [Esta cifra] aumenta al 85% cuando el niño/a reside en un hogar cuyo jefe o jefa está desocupado, al 64% cuando es inactivo, y al 65% cuando es un asalariado informal. La pobreza infantil también es mayor en hogares donde la jefa es mujer (55,3%), el jefe o jefa tiene un bajo nivel educativo (72,5%) o es menor de 25 años (51,6%)...".



El mismo informe señala: "... un niño/a que reside en un hogar cuyo jefe es un asalariado informal tiene una pobreza 4 veces más elevada que uno cuyo jefe trabaja como asalariado formal. Por su parte, un niño/a cuyo jefe o jefa de hogar completoì hasta 6 años de educación tiene un nivel de pobreza 4 veces más elevado que aquel cuyo jefe tiene más de 12 años de educación... En el caso de la pobreza extrema las diferencias más significativas las padecen los niños/as que residen en hogares cuyo jefe estaì desocupado (12 veces más incidencia de la pobreza extrema que cuando el jefe es un asalariado formal) y cuando el jefe sólo completoì hasta 6 años de educación (10 veces más que cuando el jefe completó al menos 12 años de educación)...".



En otro informe, Unicef y la Sociedad Argentina de Pediatría (2017) señalan que "... el nivel de instrucción materno es un factor de riesgo para el hijo en cuanto a la probabilidad de sufrir un daño (muerte, enfermedad y/o secuela)".



Esto también lo afirma la Academia Americana de Pediatría (2016): "La pobreza es un importante determinante social de la salud y contribuye a las disparidades en la salud infantil. Los niños que experimentan la pobreza, particularmente durante los primeros años de vida o durante un período prolongado, corren el riesgo de sufrir una serie de efectos adversos en la salud y el desarrollo a lo largo de su vida. La pobreza tiene un profundo efecto en circunstancias específicas como el peso al nacer, desarrollo del lenguaje, enfermedades crónicas, exposición ambiental, nutrición y lesiones. La pobreza infantil también influye en la función genómica y el desarrollo del cerebro por la exposición al estrés tóxico, una condición caracterizada por la "activación excesiva o prolongada de los sistemas de respuesta fisiológica al estrés en ausencia de la protección amortiguadora proporcionada por relaciones estables y receptivas". En la pobreza tienen mayores dificultades en la autorregulación y la función ejecutiva, como la falta de atención, la impulsividad, el desafío y las relaciones entre pares pobres.



Distintas sociedades científicas nacionales e internacionales han llamado la atención sobre la importancia de los primeros 1.000 días en la formación del cerebro humano y el impacto en la salud a futuro (270 días de los 9 meses de embarazo; + 730 días de los dos primeros años de vida).



Según el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) "Emilio Coni":



La mortalidad en menores de 5 años con infecciones respiratorias es 3 veces más alta en niños con familias que no tienen cobertura de salud.



La mortalidad en menores de 5 años con infecciones respiratorias es 5 veces más alta en niños con familias que no tienen trabajo.



La mortalidad en menores de 5 años con infecciones respiratorias es 4 veces más alta en niños con madres que no completaron el nivel de educación primario.



A diferencia de lo ocurrido en otras áreas del Estado nacional, en la Dirección de Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud de la Nación no ha existido la "grieta". Por el contrario, ésta ha sido conducida por personas probas en lo científico y en lo moral tanto antes como ahora.



Pretender que estos funcionarios en forma solitaria puedan mejorar los aspectos señalados más arriba es un error.



Sería conveniente que la misma pasión desatada en el Congreso de la Nación en diversos temas pueda ser volcada a definir el futuro que queremos para nuestros niños. No se trata sólo de su felicidad y resguardar sus derechos. No se trata sólo de palabras para rellenar discursos; se trata de visualizar un futuro de país que desde sus raíces vaya pensando en las generaciones que no podrán resolver sus problemas. Por lo tanto, sería conveniente dejar de hablar de gasto social para señalar la inversión social que el futuro del país necesita.



(*) Profesor Titular de Pediatría. Facultad de Medicina. Universidad Nacional del Nordeste. Especialista en Economía de la Salud y Gestión de las Organizaciones (ISALUD).

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