Mortalidad infantil: las alarmas aún no se han detenido
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Esto también lo afirma la Academia Americana de Pediatría (2016): "La pobreza es un importante determinante social de la salud y contribuye a las disparidades en la salud infantil. Los niños que experimentan la pobreza, particularmente durante los primeros años de vida o durante un período prolongado, corren el riesgo de sufrir una serie de efectos adversos en la salud y el desarrollo a lo largo de su vida. La pobreza tiene un profundo efecto en circunstancias específicas como el peso al nacer, desarrollo del lenguaje, enfermedades crónicas, exposición ambiental, nutrición y lesiones. La pobreza infantil también influye en la función genómica y el desarrollo del cerebro por la exposición al estrés tóxico, una condición caracterizada por la "activación excesiva o prolongada de los sistemas de respuesta fisiológica al estrés en ausencia de la protección amortiguadora proporcionada por relaciones estables y receptivas". En la pobreza tienen mayores dificultades en la autorregulación y la función ejecutiva, como la falta de atención, la impulsividad, el desafío y las relaciones entre pares pobres.
Distintas sociedades científicas nacionales e internacionales han llamado la atención sobre la importancia de los primeros 1.000 días en la formación del cerebro humano y el impacto en la salud a futuro (270 días de los 9 meses de embarazo; + 730 días de los dos primeros años de vida).
Según el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) "Emilio Coni":
La mortalidad en menores de 5 años con infecciones respiratorias es 3 veces más alta en niños con familias que no tienen cobertura de salud.
La mortalidad en menores de 5 años con infecciones respiratorias es 5 veces más alta en niños con familias que no tienen trabajo.
La mortalidad en menores de 5 años con infecciones respiratorias es 4 veces más alta en niños con madres que no completaron el nivel de educación primario.
A diferencia de lo ocurrido en otras áreas del Estado nacional, en la Dirección de Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud de la Nación no ha existido la "grieta". Por el contrario, ésta ha sido conducida por personas probas en lo científico y en lo moral tanto antes como ahora.
Pretender que estos funcionarios en forma solitaria puedan mejorar los aspectos señalados más arriba es un error.
Sería conveniente que la misma pasión desatada en el Congreso de la Nación en diversos temas pueda ser volcada a definir el futuro que queremos para nuestros niños. No se trata sólo de su felicidad y resguardar sus derechos. No se trata sólo de palabras para rellenar discursos; se trata de visualizar un futuro de país que desde sus raíces vaya pensando en las generaciones que no podrán resolver sus problemas. Por lo tanto, sería conveniente dejar de hablar de gasto social para señalar la inversión social que el futuro del país necesita.
(*) Profesor Titular de Pediatría. Facultad de Medicina. Universidad Nacional del Nordeste. Especialista en Economía de la Salud y Gestión de las Organizaciones (ISALUD).



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