26 de marzo 2008 - 00:00

Motiva Cristina otro Grito de Alcorta

Cual si fuera una fotografía de principios del siglo XX, las imágenes desafiantes provenientes ayer del sector agrario argentino tuvieron una enorme similitud con lo ocurrido en un pueblo santafesino en junio de 1912 bajo el Gobierno de Roque Sáenz Peña.

Eran los días en que se sancionaba la Ley Sáenz Peña, que permitiera el advenimiento del sufragio secreto, universal y obligatorio masculino, pero también eran los años en que el país comenzaba con la segunda gran oleada de europeos inmigrantes arribando al puerto de Buenos Aires.

Asimismo, desde el campo, los que actualmente vendrían a ser como los pequeños productores, comenzaban a gestar lo que se convertiría en la primera gran huelga agraria en la historia del país.

En ese entonces existían en el campo tres tipos de ocupantes: propietarios, arrendatarios y medieros o subarrendatarios, de los cuales el primero era siempre el beneficiado mientras que los dos restantes debían cumplir con ciertas condiciones que encarecían sus costos y obtenían apenas una mínima entrada. Con motivo de las condiciones laborales, que rozaban lo servil, los subarrendatarios decidieron ir en contra del ahogo propietario.

«Antes de doblegar nuestros esfuerzos debemos conseguir nuestros objetivos, antes de ser vencidos debemos preferir la muerte», fue la consigna que impulsaron los chacareros rebeldes en Alcorta, un pequeño pueblo de Santa Fe. La rebelión se expandió por toda la región pampeana. Cualquier similitud con la realidad «no» es pura coincidencia.

De esa primera gran huelga se derivó además la creación de la Federación Agraria Argentina. Su objetivo: contrarrestar a la Sociedad Rural, que conglomeraba en sus filas a los grandes terratenientes.

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