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4 de septiembre 2007 - 00:00

Moyano golpeó a los K por "ignorar" a gremios

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Hugo Moyano
«Seremos malos, sucios y feos... pero después desde el gobierno ponen a cada uno...» Desde la cima de la CHAD, de la extrema cercanía de Hugo Moyano, trascendió la frase, sin filtro, con la brutalidad que esconden las más moderadas palabras del jefe de la CGT.

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La derrota del PJ en Santa Fe y el ajustado -y polémico- triunfo del delasotismo liberó un malestar que flota hace tiempo en la CGT por la determinación de la Casa Rosada de relegar a los sindicatos en el «reparto» de cargos y candidaturas.

«Los resultados electorales provinciales (en Córdoba y Santa Fe) deben ser analizados desde la perspectiva de que otros han logrado acumular un capital político a través de los años» analizó Moyano.

Subyace un enojo más profundo y difícil de confesar: Moyano, y su grupo de escuderos, sostienen que un sector del gobierno, encabezado por Cristina de Kirchner, mira a los gremios como «si fuésemos los primos tontos» de la familia a los que «tienen que esconder».

  • Moderación

  • El cacique sindical, a través de un comunicado, dijo eso de un modo menos bestial: «El más grueso error es haber ignorado al movimiento obrero». Fue una crítica genérica, sin nombres propios, pero tiene un claro destinario: la candidata presidencial del oficialismo.

    Los dichos del camionero tienen una continuidad con sus palabras, la semana pasada, en la Asociación de Dirigentes de Empresas (ADE) donde reveló sus dudas sobre la primera dama. «A Kirchner lo conocemos, pero a la candidata no la conocemos», alertó.

    Este mediodía, el jefe cegetista podría cruzarse con la senadora: ambos tienen previsto asistir a la apertura del precoloquio de IDEA.

    Hasta ahora, Moyano ensayó un acercamiento silencioso a la primera dama. Tuvo, incluso, la gentileza de llamarla por su cumpleaños. Hablaron en pocas ocasiones, con cierta frialdad, a pesar de que en la CGT dicen que ella lo llama «Negro». Cariñosamente, claro.

    Al embestir, a medias, contra Cristina por la falta de presencia de dirigentes sindicales en las listas del Frente para la Victoria (FpV), Moyano apunta en realidad su furia hacia Alberto Fernández, acaso su mayor enemigo en la Casa Rosada.

    Sobre las boletas, hastaahora, ha tropezado: tenía como número puesto a Juan Carlos Schmidt en Santa Fe y empujaba a Omar Viviani en Capital. Al portuario lo voltearon; el taxista no pasaría el filtro. Acaso tenga más suerte Julio Piumato, de Judiciales.

    Pretende, además, un casillero en la boleta de la provincia de Buenos Aires donde desea reivindicar a su socio y amigo Juan Manuel Palacios, ex jefe de UTA.

    Moyano evita, sin embargo, enojarse con Kirchner quien le ha pagado con creces: un diputado, Héctor Recalde, subsidios millonarios y el control de áreas ultrasensibles del gobierno, ligadas todas al transporte: desde trenes hasta vías navegables.

    En el kirchnerismo decodifican la embestida de Moyano como algo más que un pedido de lugares en las listas: la leen como un aviso para que, como mínimo, en una eventual gestión de la primera dama se le respete lo que logró durante el cuatrienio de Kirchner.

    El repliegue histórico en Santa Fe, luego de 24 años de gobiernos peronistas, y la ajustada -que Luis Juez cuestiona- victoria en Córdoba le sirvieron como argumento a Moyano para disparar contra el PJ y, por elevación, contra el «esquema» que impulsa la Casa Rosada.

    «El más grueso error es haber ignorado al movimiento obrero, portador de una mística», dijo y planteó que «se abre un tiempo de reflexión». En reserva, en el moyanismo van más lejos: dicen que la sucesión de malos resultados podría dar una mala sorpresa «a Cristina».

    Menos duro, a través del comunicado que difundió, Moyano ratificó que la CGT apuesta «al camino de la concertación» y de «la planificación estratégica, despersonalizando el debate para que se consolide el modelo industrial mediante la inclusión social que es la distribución real de la riqueza».

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