13 de febrero 2002 - 00:00

Murió Galimberti, que fue miliciano y empresario

«No me gustaría morir tranquilamente en una cama. Más bien, preferiría morir en la calle, vomitando sangre, luego de haber recibido un balazo.» Hace diez años, Rodolfo Galimberti confesaba este deseo mortuorio, el que ayer no se le cumplió: se quedó parado su corazón luego de casi diez horas de una operación, a causa de un aneurisma en la arteria aorta abdominal. Así lo informó el director del sanatorio San Lucas, Pedro Lawson, quien precisó que la muerte se produjo después de una intervención de urgencia que se prolongó por casi 10 horas. Tenía 52 años.

Galimberti, conocido como dirigente montonero de la década del '70, inicia su carrera política unos años antes como simpatizante nacionalista de Tacuara, y más tarde forma parte del grupo fundador de las Juventudes Argentinas para la Emancipación Nacional (JAEN). Aunque en ese ámbito vitoreaban al ex presidente Juan Domingo Perón, entonces exiliado en Madrid, muchos componentes también profesaban cierta inclinación filo nazi.

Luego se convierte en secretario de la Juventud Peronista, viaja a Madrid, es un interlocutor publicitado de Perón y adalid de la violencia armada. Rubio, peinado a la cachetada, casi un «caquero», casi siempre con paraguas, se hizo famoso en determinados sectores. En l973, sin embargo, entró en el ocaso dentro de la «orga» Montoneros: Perón estaba molesto con Galimberti porque éste había llamado a la formación de milicias populares. De jefe terminó en subalterno. Tras el golpe militar del '76, se marchó al exilio a París donde llegó a trabajar un tiempo como chofer de taxi, donde murió su esposa -hermana de Patricia Bullrich- y se peleó con la cúpula de la guerrilla. Reprochaba, con otros disidentes, que ese directorio se había quedado con algunos vueltos.

En ese período participa en el secuestro de los empresarios Jorge y Juan Born, operativo en el cual también matan a un chofer de la familia. Obtuvieron un rescate superior a los 60 millones de dólares, del cual Galimberti también recordaba: «Pensar que durante más de una noche dormí sobre esa fortuna como si fuera un colchón. Jamás toqué un peso». Curiosamente, con los años, establece una óptima vinculación con su secuestrado, Jorge Born, con el que además constituye una relación societaria. Este diario, en primicia, por entonces contó y fotografió el casamiento de Galimberti en Punta del Este, al cual asistió un hijo de Born como invitado. Cuestiones de la vida o del cine.

• Nuevo ciclo

Para entonces se había instalado en el Peronismo Montonero Auténtico, deambuló en los '80 por el Líbano -donde fue herido- a favor de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Más viajes, nuevas disputas con sus colegas guerrilleros de Montoneros, y la ruptura definitiva lo encamina hacia otro bando: casi como un «profesional» sirve a los «contras» nicaragüenses, en esos años apoyados por los EE.UU., en lucha contra el sandinismo en el poder. Empieza otro ciclo.

Regresa clandestino a la Argentina, enhebra más relaciones militares, sobre todo con los servicios, opera contra Raúl Alfonsín y, luego, ya en la superficie, busca otra forma de canalizar su energía en nuevas actividades: integra una sociedad con el novio de Susana Giménez, cumple tareas de seguridad y protección con elementos retirados de la SIDE, custodia y protege a las principales empresas de los Estados Unidos radicadas en el país. También mantiene fuertes contactos con empresas militares de Francia. Por esa época, en la que siempre se presentaba armado, también delata una inclinación por la farándula, la caza y por la colección de motos Harley-Davidson.

Tras la muerte, varios «compañeros» peronistas se expresaron ácidamente sobre él: Juan Carlos «Canca» Gullo, un emergente de los '70 -cuando los suboficiales reemplazaban a los oficiales en la guerrilla-, dijo: «No me mueve ninguna emoción, no se altera en nada lo que significaron los '70 y la juventud, de esta muerte y de esa vida no se saca nada».

Roberto Perdía, socio de Firmenich, se limitó a responder: «Que en paz descanse, nada más. Prefiero no hablar». Para el senador justicialista Jorge Busti, quien fue titular de las regionales Córdoba y Entre Ríos de la JP en los '70, Galimberti «representó una frustración porque a muchos que éramos de esa década verlo aparecer con miembros de la CIA nos dolía». Busti, hoy, es uno de los mayores colaboradores de Eduardo Duhalde.

• Aventurero


Otro cercano al actual presidente, Julio Bárbaro, quiso ser más generoso: «Era un apasionado, no se lo puede juzgar con las reglas del militante porque no fue un militante, y como aventurero fue digno y apasionado. Siempre se jugó todo, nunca fue un burócrata como Firmenich, de quien no habría nada que reivindicar». Para añadir: «En las etapas revolucionarias están los comprometidos y los aventureros; Galimberti no fue un militante político, pero comprometió su vida en la aventura que eligió y no como algún sobreviviente que comprometió la vida de los demás».

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