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Vandor no sabía cuando confesó esos reparos que Miguel sería quien lo iba a heredar al frente de la Unión Obrera Metalúrgica. Después del asesinato del viejo caudillo se eligió como jefe a quien hasta entonces había sido tesorero del gremio. Hijo dilecto de Lugano, con un brumoso pasado de obrero en la fábrica Capea, Miguel fue conocido toda su vida como «el Tordo» (sólo quienes no lo trataban lo llamaban «el Loro»). Controló con pericia a lo largo de los años la seccional Capital del sindicato pero le fue más difícil disciplinar a toda la UOM: el proceso de desindustrialización y la privatización de SOMISA hicieron que esa «organización», como gustaba llamarle, perdiera gravitación y que se potenciaran en su seno las corrientes más contestatarias, a las que Miguel siguió la corriente de mal grado, hasta terminar en la incómoda compañía de Hugo Moyano y Juan Manuel Palacios, junto a Adolfo Rodríguez Saá. Su corazón, la Capital, se mantuvo invariable con Carlos Menem a través de Roberto Monteverde, quien ahora lo sucederá al frente de la UOM.
Ese rol contrasta mucho con la personalidad de un hombre que apenas sabía expresarse y que muy pocas veces dio reportajes o hizo declaraciones públicas. De infaltables lentes negros y «camisaco», Miguel solía hablar más con las manos que con la voz, sea por falta de elocuencia o temor a que lo estuvieran grabando, como argüían sus devotos. Con los dedos índices y pulgar en ele, acostumbraba a rotar las dos manos para preguntar «¿me explico?» al cabo de cada frase, en general inconclusa y con expresiones como «no podemos ser protestatarios» o «esto lo voy a decir peronísticamente». Tenía gracia por momentos, como cuando se aburría en alguna reunión con «los señores empresarios» y hacía señas a sus acompañantes moviendo el pulgar de arriba a abajo sobre el puño de la otra mano cerrado, como quien ceba mate. Los demás entendían: estaba indicando «se vamo».
¿Se puede decir que Eduardo Duhalde, quien ayer homenajeó al muerto en Lugano, fue cortado por la misma tijera? En alguna medida sí: fue desde las 62 Organizaciones de Lomas de Zamora, de la que era secretario de actas por el gremio municipal, que lo convirtieron en concejal en 1973 y lo lanzaron a la carrera política.
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