27 de julio 2007 - 00:00

"Néstor se dedicará a actividades económicas"

El reportaje que dio Cristina de Kirchner al diario «El País» de España es una excepción al trato que suele dar a la prensa criolla; ese medio se imprime y se vende, aunque poco, también en Buenos Aires. Eso basta para concluir que lo que le importa a la senadoracandidata no es tanto el área de difusión de los medios a los que cede su palabra, sino el trato afable que, necesariamente, tiene la prensa con un político extranjero. Los periodistas que entrevistaron a la primera dama seguramente están informados sobre los temas, pero en ningún momento repreguntan cuando la entrevistada exagera o directamente omite información de manera capciosa. Por ejemplo, la senadora repite el lugar común de que ella tiene autonomía política respecto de su marido o que no hace política por ser la esposa de Néstor Kirchner. Aunque insista en ello, es improbable: ha sido legisladora y convencional por Santa Cruz, distrito de adopción, luego de que su esposo tuviera el dominio del Partido Justicialista de esa provincia y fuera elegido intendente de Río Gallegos y después gobernador casi perpetuo. Es cierto que ella fue famosa en el orden nacional antes que su marido, pero fue a raíz de ejercer cargos legislativos nacionales como delegada de su esposo que controlaba la provincia de Santa Cruz. El reportaje de «El País» es interesante más como radiografía de la candidata: por ejemplo, cuando se compara con la Evita «del rodete y el puño crispado», pero rechaza al «hada buena» que repartía prebendas en nombre de Juan Perón. ¿Quién puede creer en serio que hubo dos Evitas? Esos dos rostros son estereotipos de la propaganda oficial del peronismo hegemónico del ciclo 1946-1955 que merecerían, si Cristina de Kirchner se dice republicana, por lo menos algún comentario. También interesa la revelación que hace sobre «nuestras actividades económicas» (se refiere al matrimonio con el Presidente), que es a lo que dedicaría su ocio Kirchner si dejara la presidencia. Se sabía que los dos eran abogados y políticos, no que tuvieran actividades económicas, algo que activará el ingenio de sus adversarios para averiguar rubros y montos. Se muestra herida cuando la enfrentan con un proyecto de perpetuación de los Kirchner en el poder a través de una puerta giratoria de candidaturas entre los dos. Primero lo rechaza como una burla a la inteligencia, pero termina admitiendo que hay un plan familiar como el de los Clinton o los Bush. Los periodistas eluden el sarcasmo sobre las sospechas en torno a las cuestiones de familia: «En tu casa cómo andamos», se ríe en referencia hiriente al sistema monárquico que rige en España. También interesa el rol que le termina dando la senadora al extravagante Hugo Chávez: más que un amigo es una fatalidad, como lo es Vladimir Putin y Chávez como proveedor de hidrocarburos a Europa. Aquí, los principales párrafos de ese reportajede los periodistas Fernando Gualdoni y Luis Padros que publicó ayer el diario «El País».

Abundan fotos de Cristina de Kirchner con rodete, comoEva Perón, pero no con el puño cerrado, que es como lasenadora-candidata quiere evocar a la esposa de JuanPerón, según contó ayer en un reportaje.
Abundan fotos de Cristina de Kirchner con rodete, como Eva Perón, pero no con el puño cerrado, que es como la senadora-candidata quiere evocar a la esposa de Juan Perón, según contó ayer en un reportaje.
Periodista: ¿En qué momento decidió ser candidata a la presidencia?

Cristina Kirchner: No hago política por ser la esposa del presidente de la República. Cuando me incorporé a la política, las mujeres estábamos a la par con los hombres. No éramos políticos, éramos militantes. Es algo que quizá no es entendido por la posmodernidad. No hubo un momento especial para tomar la decisión; es el momento de la política. Uno no se levanta un día, se mira al espejo y dice...: ¡Uy, qué cara de presidenta que tengo! Eso no existe. Es una decisión que se medita y se analiza según cada situación, y se vuelve a estudiar si las circunstancias cambian. La decisión está vinculada a la marcha del país, pero en ningún caso a la permanencia en un puesto. A mí no me interesa ocupar un espacio político para hacer relaciones públicas... Viste que hay gente que disfruta teniendo su bancada, diciendo que aquello está mal y lo otro también, sacándose fotos y haciendo declaraciones a la prensa... Yo no, yo hago política si puedo transformar la realidad. Si yo no cambio esa realidad que no me gusta, no estoy haciendo política, estoy haciendo ideología, pero sin llevarla a la práctica.

P.: Usted puede llegar a ser la primera presidenta argentina electa en las urnas. Sin embargo, antes que usted dos ex esposas de Perón, Evita e «Isabelita», fueron clave en la historia argentina. ¿Cómo lleva este legado?

C.K.: Los dos personajes revelan lo que son capaces de producir la Argentina y el peronismo. Por eso siempre digo que el peronismo es el fiel reflejo de mi país, porque es capaz de producir personajes sublimes como Evita y otros mediocres como « Isabelita». Digo mediocre porque cargar sobre «Isabelita» todo lo que vino después [ refiriéndose a la dictadura militar de 1976 a 1983] es un reduccionismo, una simplificación. Con la Eva con que me siento identificada es con la Eva Perón del rodete y el puño crispado frente al micrófono. No con la Eva milagrosa con la que sí se identificaba más mi madre, la Eva del Teatro Colón, el hada buena que había llegado con Perón a repartir el trabajo, el derecho al voto... La Eva de mi mamá es la que apareció con sus fantásticos trajes con los que la conocieron todos los españoles cuando vino.

P.: ¿Qué va a hacer su esposo cuando acabe el mandato?

C.K.: Es un hombre político, comprometido con el mundo que lo rodea y que puede vivir muy cómodamente sin los atributos formales del poder. Kirchner es transparente, se muestra tal como es, puede gustar o no, pero es un hombre absolutamente previsible, todo el mundo sabe cómo reacciona ante ciertas cosas. El va a seguir haciendo política, creo que morirá haciéndola. Trabajará en la construcción de una fuerza política y también se dedicará a nuestras cosas, a nuestras actividades económicas al margen de lo político.

P.: ¿Entonces descarta la posibilidad de que usted y su marido se vayan turnando en la presidencia mandato tras mandato? Kirchner 2012, por ejemplo...

C.K.: Ese es un título de película de ciencia ficción. No se puede programar la política. ¿Acaso ustedes sabían en 1985 que el Muro iba a caerse en 1989? Plantear esta posibilidad es un insulto a la inteligencia de los lectores.

P.: No es tan descabellado si piensa, por ejemplo, que si Hillary Clinton gana las próximas elecciones en EE.UU., el país habrá estado en manos de dos familias, los Bush y los Clinton, durante el último cuarto de siglo...

C.K.: Me parece fantástico el ejemplo. Nadie habla del poder consolidado en esos países, de cómo se transmite la dirigencia de un país de padres a hijos. Suele existir una mirada crítica sobre las cuestiones de familia, pero habría que preguntar: ¿en tu casa cómo andamos?

P.: Sí, pero en EE.UU. hay juego democrático, hay al menos dos partidos... En la Argentina, en este momento, no hay prácticamente oposición. ¿Esto cómo se ubica en la Argentina moderna, normal, que usted propone?

C.K.: Esta idea obedece a categorías de pensamiento europeas. Estas ideas no sirven muchas veces en América latina, donde una ideología no necesariamente tiene que dominar sobre la otra. No hablo de superar el socialismo o el liberalismo, sino de otras categorías de análisis político en contextos históricos y políticos muy diferentes. Sólo quiero decir que creo en un mundo multipolar con líneas de pensamiento, aunque no sean las mías y que no intento imponer a nadie. Se critica mucho a los nacionalismos de América latina, pero discúlpenme si les recuerdo que no tienen nada que ver con los terribles nacionalismos de Europa, que causaron las peores tragedias de la humanidad, como el Holocausto o el genocidio de los Balcanes. No se trata de ideologías; cada persona es capaz de lo mejor y de lo peor...

P.: ¿Si llega al poder, su relación con el polémico presidente de Venezuela, Hugo Chávez, será tan estrecha como la que hoy tiene su marido?

C.K.: Empiezo diciéndole algo... Muchas veces, los empresarios, en los foros donde son escuchados por los periodistas,hablan de tal o cual dirigente político casi como si fuera un monstruo. Luego, en privado, los empresarios te dicen estamos haciendo excelentes negocios, estamos ganando mucho dinero... Miren que el doble discurso no es patrimonio único de los políticos, es una condición inherente del ser humano y los empresarios no están exentos de ello. Volviendo a Venezuela..., lo primero que le digo es que en el Mercosur hay una cláusula de salvaguarda de la democracia. Las últimas elecciones en Venezuela, en las que ganó ampliamente Chávez, fueron supervisadas por organismos internacionales.Otra cosa, la ecuación energética latinoamericana no se cierra sin la presencia de Venezuela y de Bolivia. América latina necesita a Chávez como Europa a Putin. Cuando a Venezuela la dirigían los presidentes anteriores a Chávez, la energía venezolana no era para América latina, sino para EE.UU. y en unas condiciones leoninas... Venezuela aún hoy vende gasolina en EE.UU. a precios irrisorios, respetando unos contratos que establecen el precio de venta del barril muy por debajo de lo que vale hoy. Los latinoamericanos no debemos ser conducidos a falsos enfrentamientos.

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