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6 de julio 2007 - 00:00

"No necesito un cargo", alardea ahora Kirchner

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Néstor Kirchner, quien está en el presupuesto público desde hace más de 20 años, dijo ayer en un acto en La Plata que no hace falta tener un puesto en el Estado para servir al país. Lo hizo para argumentar la decisión de ceder una candidatura a la presidencia para su señora, la senadora Cristina Fernández, quien lo acompañó en el acto con gestos de proselitismo que incluyeron, con gran responsabilidad profesional, una escena de llanto que fue ovacionada por el público, entre el cual estaba su madre, Ofelia de Fernández.

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El Presidente encabezó un acto de entrega de viviendas construidas con fondos públicos junto al gobernador Felipe Solá, el intendente de La Plata, Julio Alak, y un conjunto nutrido de funcionarios, entornistas y guardaespaldas. Aseguró, al pronunciar un discurso, que su señora tiene la «preparación», « capacidad» y «fuerza» para darle «lo mejor» al pueblo argentino, de la mano de la profundización del cambio.

«Con Cristina, el cambio recién empieza, porque está capacitada, preparada, sabe lo que tiene que hacer, tiene la fuerza y el coraje de la mujer argentina que cuando toma el mando no vacila en hacer el cambio que el país necesita», dijo el Presidente.

El primer mandatario agregó que sabe que el pueblo argentino la va a apoyar «con todas sus fuerzas», porque sabe que « queremos brindarle lo mejor», mientras la senadora Fernández lo escuchaba visiblemente emocionada. Kirchner aseguró no necesitar «un cargo para trabajar por la Patria» y pidió que «se termine con la teoría de que hay que detentar un bastón para ayudar a la Argentina a crecer con todas sus fuerzas».

Kirchner y su séquito fueron recibidos por militantes congregados en el helipuerto de La Plata al grito de «se siente, se siente, Cristina presidente». El jefe de Estado y su esposa saludaron a los militantes apostados en el helipuerto, quienes responden a los candidatos kirchneristas a intendente de la Ciudad, Pablo Bruera y Carlos Castagneto, y el Movimiento Evita. También estaba el gobernador Solá, quien los acompañó al acto principal en el centro de la ciudad.

En un momento del acto, Cristina se emocionó y lloró cuando se hizo referencia a su candidatura presidencial y le entregaron un cuadro con una foto de la casa donde nació en la ciudad de La Plata. La candidata oficialista no pudo evitar derramar lágrimas y con un pañuelo procuró que no se le corriera el maquillaje. El costado sensible de la senadora quedó fuertemente expuesto cuando Alak le entregó primero a Kirchner un cuadro con una foto de la pensión en la que vivió en La Plata mientras estudiaba Derecho. Ya visiblemente conmovida, Cristina Kirchner comenzó a lagrimear cuando Alak le obsequió otro cuadro, esta vez con una imagen de la casa en la que vivió su infancia en esa ciudad.

El matrimonio presidencial se conoció en La Plata, donde compartieron estudios y militancia en el peronismo. El propio Kirchner se mostró tocado por el obsequio, pero mantuvo la emoción contenida. No obstante, le hizo gestos a Alak pasando su dedo índice por el cuello, en señal de que el cuadro había resultado una suerte de «golpe bajo».

Cristina, desde el palco, no dejó de saludar a los platenses, a quienes les agradeció permanentemente por la emoción que la embargó, al punto que se sacó su tapado corto en damero rosa, y de inmediato le alcanzaron un abanico para superar el calor que le surgió de tan cálido momento.

Las lágrimas de Cristina llamaron la atención a todos, dado que por su personalidad, no es común verla llorar como lo hizo en La Plata,mientras su madre Ofelia, acompañada por su otra hija, la aplaudían desde una de las tribunas laterales. La senadora reconoció tras el acto que vivió una jornada de «demasiada emoción» en La Plata.

Al finalizar la ceremonia, Cristina se bajó del palco para mezclarse con la gente: repartió besos, saludos y se fotografió con varios adjudicatarios de las viviendas, mientras atronaba el «se siente, se siente, Cristina presidente».

También se puso una boina colorada para ser fotografiada por un ex combatiente de Malvinas, quien se la obsequió y soltó un alarido cuando detonó una pistola lanzapapeles.

Kirchner la acompañó en esa cercanía con la gente. Desde el estrado, le había prometido su corbata a una señora que no paraba de alentarlo. Y cuando terminó el acto cumplió: la corbata roja fue a parar a manos de la militante peronista.

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