9 de febrero 2001 - 00:00

No regresa a Cuba el embajador argentino

El Palacio San Martín ordenó ayer la permanencia «por tiempo no determinado» en el país del embajador argentino en Cuba, Oscar Torres Avalos, a raíz del agravamiento en la disputa diplomática entre ambos países. Particularmente por los conceptos « agraviantes y ofensivos» vertidos en una rueda de prensa por el embajador cubano en Buenos Aires, Alejandro González Galiano. Hoy regresa de EE.UU. Adalberto Rodríguez Giavarini, quien se reunirá con Fernando de la Rúa. El canciller anticipó que la Argentina actuará «con firmeza».

Hasta ayer ambos gobiernos seguían virtualmente incomunicados, ya que se rechazaron mutuas notas de protesta y se consideraron recíprocamente ofendidos. De la Rúa dispuso que el conflicto con Cuba se maneje estrictamente en el ámbito de la Cancillería, según aseguró ayer su vocero, Ricardo Ostuni. « El Presidente ha dado instrucciones de que se siga manejando en el nivel diplomático que deben manejarse estas cuestiones, que son delicadas. Por lo menos hasta que la Cancillería considere superado el tema o que debe intervenir el Poder Ejecutivo, el Presidente no ha hecho ningún comentario al respecto», dijo el portavoz.

El Palacio San Martín justificó la decisión de mantener en Buenos Aires a su embajador ante Cuba a partir de los dichos de Castro, cuando señaló que la Argentina «lame la bota de los yanquis», agravado luego por las afirmaciones del embajador González Galiano, « cuyos conceptos ratifican los agravios del jefe de Estado cubano para con la República Argentina», señaló un comunicado.

No obstante, una alta fuente gubernamental señaló que De la Rúa está «sorprendido y preocupado» por la actitud de Castro y de su diplomacia, no obstante las «relaciones afectivas que hubo siempre con Cuba».

Suposición

Las duras críticas de Castro tuvieron su origen en la suposición de que la Argentina reiterará en abril próximo su voto contrario a Cuba en la reunión anual de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La dirigencia del radicalismo, con Raúl Alfonsín a la cabeza, se expresó en favor de una abstención en el voto en esa reunión de la ONU, una política seguida durante su gestión entre 1984/ '89. Y en forma parecida se pronunció Carlos Chacho Alvarez, quien no obstante admitió que había sido « ofensivo» el discurso de Castro.

En el mismo sentido se manifestaron ayer el gobernador de Entre Ríos,
Sergio Montiel -en su carácter de titular de la convención nacional de la UCR-, y el ex vicecanciller de Alfonsín Raúl Alconada Sempé (secretario de Relaciones Exteriores del comité nacional de la UCR).

Por su parte, el titular de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados,
Marcelo Stubrin, prefirió no explicitar su postura pero dudó de la intencionalidad del organismo de derechos humanos de la ONU -bueno cuando carga sobre Pinochet, por ejemplo, y malo cuando lo hace sobre Cuba-, aun cuando afirmó que el discurso de Castro fue «desopilante y desproporcionado»La pelea verbal entre los gobiernos de la Argentina y Cuba recrudeció con un nivel de virulencia impropio para el lenguaje diplomático. A partir de la publicación del discurso del dictador Castro -gobierna Cuba desde hace 42 años sin ningún mecanismo democrático que lo avale-, en el diario oficial-partidario «Granma», se produjo un continuo e infructuoso cruce de notas entre ambas naciones que virtualmente interrumpió el diálogo diplomático.

Hasta el momento, la Cancillería llamó a su embajador en Cuba «
en consulta» y dispuso su permanencia en el país, al tiempo que suspendió una misión comercial que debía viajar a La Habana el próximo 16 de febrero.

Por su parte, y lejos de acallar la polémica, el embajador de Cuba en Buenos Aires embistió el miércoles duramente contra
Rodríguez Giavarini y calificó como una «puñalada por la espalda al pueblo de Cuba» a la votación de la Argentina en la ONU el año pasado, en la que se condenaron las violaciones a los derechos humanos y la falta de instituciones democráticas en la isla caribeña. Omiten señalar que la misma condena argentina se extendió al embargo dispuesto por EE.UU. a la isla caribeña, en una clara y arbitraria actitud política.

González Galiano
acusó al canciller argentino de estar «fraguando una nueva traición» contra Cuba y de querer « arrastrar» a todo el gobierno de la Alianza en esa maniobra, buscando involucrar a sectores disidentes como los que encarnan Alfonsín, por un lado, y Chacho Alvarez, por el otro.

Afirmó que Cuba siente «
un profundo respeto, admiración y cariño por el pueblo argentino» y enfatizó que su país «jamás tomaría acción alguna que pudiera dañar» a la Argentina. Una actitud lejana a la que observó Cuba durante la presidencia constitucional de Juan Perón y su esposa entre 1973/ '76. El diplomático aseguró que su país tiene el «deber» de denunciar « la conjura» a la cual se lo quiere someter « con el decidido entusiasmo de Giavarini» y opinó que la decisión del voto de condena a la isla « no puede pasar inconsulta» del pueblo argentino porque constituye « un daño y un ejercicio cruel, cínico y arbitrario» contra su país.

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