27 de diciembre 2001 - 00:00

No se quiebran, se dan vuelta: piden expulsión

Agitado por un sector del alfonsinismo porteño, comenzaba anoche, en el radicalismo de la Capital Federal, un sálvese quien pueda que agitaba la expulsión de Fernando de la Rúa del padrón de afiliados de la Unión Cívica Radical. La movida consistió en una convocatoria a dirigentes jóvenes que promovió el subsecretario de Justicia porteño, Agustín Zbar, con la idea de remover a todos los dirigentes partidarios tras el fracaso de la gestión de De la Rúa.

Ocuparon el salón de actos de la sede de la calle Tucumán unos 300 afiliados de distintas corrientes que pidieron el micrófono para vapulear tanto al ex presidente renunciante como a los caciques radicales de todos los matices.

Por su lado, el vicepresidente de la Legislatura porteña, el versátil Cristian Caram, anunció la presentación formal ante el tribunal de conducta partidario para pedir también la expulsión de De la Rúa «porque no respetó los valores ni el ideario radical», algo de lo que se precia este eterno migrante de su partido, que no admite la deuda que tiene con su pasado.

Otros dirigentes más moderados, como Féliz Pelliza, se inclinaban por promover una renovación de la cúpula porteña de la UCR pero amortiguaban la furia no coincidiendo con pedidos de expulsiones o caza de brujas. Después de todo, tanto Caram como Zbar fueron consagrados legisladores porteños durante la gestión de De la Rúa en la Capital, a quien quieren juzgar de traidor a los principios radicales. El alfonsinista compitió en las últimas internas partidarias contra el terragnismo, que ganó la votación doméstica, mientras que Caram confrontó más abiertamente contra el delarruismo, pero integró el surtido de candidatos que sin interna partidaria llegaron a ocupar una banca en la Legislatura de la Capital.

El delarruismo más ortodoxo trataba anoche de minimizar la movida y se animaba a convocar a un plenario para el sábado donde se expongan todas las posturas, cuando al titular del Comité Capital, Silverio Fernández Gaido le pedían anoche los jóvenes que renunciara a la conducción.

A través de un plenario, hace quince días, las autoridades de la UCR porteña lograron la prolongación de sus mandatos hasta junio de 2003. Los delegados votaron en esa oportunidad dejar sin efecto las elecciones partidarias previstas para marzo próximo, en una actitud de no confrontar al máximo con De la Rúa, todavía en el gobierno. En un sondeo barrial los punteros radicales dividían sus avales, unos para que Gaido permanezca en el puesto y otros para que renuncie, lo que se resolvería el sábado a partir de las once.

El documento que se acordaba anoche en el local porteño constaba de cinco puntos, que comenzaban con el pedido de expulsión de todos los responsables directos de lo acontecido en el país en los últimos tiempos. Se proponía luego desconocer la autoridad a todas las líneas internas y a sus referentes, proclamar el estado de asamblea permanente de la UCR de la Ciudad de Buenos Aires y convocar a la refundación del partido y la renovación general.

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