Nuestra izquierda criolla aún no entró en la pubertad
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Ante ideologías, hoy sólo entendibles en párvulos que aman a Cuba, pero que jamás vivirían allí, no hay que rasgarse demasiado las vestiduras por sus embestidas de escasa seriedad. Más, si en ese número de la revista no se salva ninguno, desde Richard «Gato» Handley (con dolor le imputan, de paso, fuerte gravitación en las privatizaciones en la Argentina, algo que es cierto, pero por lo cual la mayoría de los argentinos querría hacerle un monumento cuando los marxistas le clavan alfileres) a Pedro Pou, a Carlos Fedrigotti y John Reed (ambos del Citibank), al texano Tom Hicks, a George Bush (padre porque por ahora al hijo queda mal atacarlo si recién asumió), a Carlos Menem, a la empresa Telefónica, al ex presidente uruguayo Alberto Lacalle y al actual, Jorge Batlle (derrotó en elecciones al Frente de izquierdas), además de Alemann y Ramos.
A Ramos, a Ambito Financiero y a Alemann, Ernesto Tenembaum les reprocha no «haber percibido el surgimiento de personajes extraños, testaferros, fortunas inexplicables». Si los bancos, el gobierno, el Congreso y la Justicia de Estados Unidos; el Banco Central de la Argentina, los organismos internacionales tienen serios problemas para detectar los casos de «lavado de dinero» ¿pretende Tenembaum que un diario los descubra? Poco serio y más en un tema donde se mezcla dinero negro común con el presunto del narcotráfico. Salvo que hiciéramos el mismo periodismo, lanzar y lanzar versiones, como hace la revista «XXIII», y que las pruebe Mr. Magoya.
En la Argentina hoy no se puede saber qué relación tiene el Sr. Jorge Lanata -verdadero director y fundador de «Siglo XXIII»- con las denuncias de extorsión del banquero Raúl Moneta y por qué Lanata está filmado en una charla con Moneta en los comprometidos videos aparecidos en escribanías. «Clarín» (página 6, edición del 10 de febrero último) dice que interrogado Lanata sobre los videos dijo: «Prefiero no hacer declaraciones».
Repetimos que es poco serio analizar el revoltijo de Tenebaum y la revista que provisoriamente dirige en reemplazo de Lanata.
Sí hay que aclarar su mención de que «Alemann y Ramos vivían de fiesta durante la dictadura militar». A Julio Ramos no le va a gustar esa afirmación porque: a) Los militares del Proceso lo suprimieron de la jefatura periodística de Economía del diario «La Opinión» cuando intervinieron el diario de Timerman en abril de 1977. b) Los mismos militares del Proceso lo exoneraron de un puesto de economista raso en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires acusándolo por decreto de «subversión potencial o real» en 1976. c) Ningún libro histórico crítico que se haya editado -alguno de amigos del Sr. Tenembaum-sobre actitudes vergonzosas de periodistas o medios de prensa durante los 7 años del último Proceso Militar encontró jamás algo indigno sobre Julio Ramos, otros directivos o el mismo diario Ambito Financiero. Esto ya se sabe, pero algunos parecen aún ignorarlo.
Finalmente, aclaremos que aun con sus ideologías gastadas y sus infantilismos repetidos nuestra izquierda folklórica cumple un papel de vigilancia sobre la sociedad argentina, tan propicia a la corrupción. Algunas denuncias, aunque persigan postulados ideológicos, no son descabelladas. Como decía Juan Perón: «El comunismo es agrio como el vinagre, pero no puede faltar en ninguna ensalada




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