El gobierno de Adolfo Rodríguez Saá, aunque sea tan criticado, acumula ya por lo menos 4 logros, aunque no lo beneficien. En primer lugar, con su estrepitosa visita a la CGT aseguró que el justicialismo perderá cualquier elección próxima en la Capital Federal. El electorado de Buenos Aires desprecia a los sindicalistas, sus tumultos y huelgas. Cualquier encuesta en la Capital da siempre a los hombres de los gremios, «gordos» o flacos, el primer lugar en cuanto a desprestigio y corrupción. Los sindicalistas saben que son repudiados por la gente y en la Ciudad, como desafío, le organizan los actos y los vandalismos fletando decenas de micros para trasladar activistas. La foto del presidente provisorio Rodríguez Saá con los brazos levantados en alto junto a los de Hugo Moyano, Rodolfo Daer y Saúl Ubaldini hirió a la gente y más aún a los que vieron el acto en la visita a la CGT por televisión. Hasta los rostros de los gremialistas mostraban asombro por recibir más de lo que querían cuando el mandatario cayó en el delirio de decir que para respaldar un bono nuevo iba hasta «hipotecar el Congreso y la Casa Rosada». Los televidentes creían que al final iba a decir «es una broma para Tinelli». Como fue en serio, es otro de los hechos irreparables que sorprendentemente para un político está realizando el puntano. Además, para el sector productivo es la ratificación -por si aún dudaban- de que aunque en crisis terminal, default y con cambio de gobierno incluido, el país se volverá serio. No se puede pedir sacrificios a la población mientras se convaliden las exageraciones gremiales que traban la producción, ayudaron a caer al abismo y se permitan los robos mientras se toleren las «cajas» de los sindicalistas.
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La segunda consecuencia que se les atribuye a los errores de Rodríguez Saá -como si haber estado en San Luis lo hubiera apartado bastante de la realidad nacional- es la alegría de los radicales: esperaban meses y hasta quizás años de escarnio tras la mala gestión de De la Rúa y su precipitada renuncia, pero están ganando ya, impensadamente, recuperación de imagen ante la gente azorada por el inesperado giro que Rodríguez Saá le dio a su provisoriato y el llamado «tren fantasma» por su designación de ministros. Más aún: a los radicales los llamaban «menopausia», porque nunca más iban a tener un período... Pero aún hoy viven sorprendidos por cómo está cambiando y tan rápido la historia para ellos. «Con sólo 2 hombres de lujo que tenía De la Rúa, como los ministros Chrystian Colombo y Adalberto Rodríguez Giavarini -dicen-, les ganamos a los 11 troncos que puso Rodríguez Saá. Y en el partido le agregamos a Cavallo haciéndonos goles en contra.»
Más allá del jolgorio de los radicales y la desesperación de la gente, los analistas serios ven otro fenómeno alarmante en el gobierno provisorio: vía el hermano del Presidente, Alberto Rodríguez Saá, la izquierda ha penetrado mucho más en la conducción de la República Argentina que los del Frepaso junto a De la Rúa en 1999. En el Frepaso recibían y se contactaban discretamente con las Abuelas de Plaza de Mayo de Estela Carlotto, pero tomaban distancia de una Hebe de Bonafini que se alegró por las muertes en las Torres Gemelas, al decir que «allí había oficinas de quienes hacían negocios contrarios a los intereses de los pueblos». Se tiene tal aprehensión por el hermano del Presidente que hasta está preocupada Elisa Carrió, que esperaba en las eventuales elecciones de marzo llenarse de votos desorientados de la izquierda (que no fueran al trotskismo de Luis Zamora) y hasta de radicales que temieran enfrentar las urnas, cuando a una semana de dejar precipitadamente el mando la gente que analiza comienza a pensar: «De la Rúa-Cavallo eran malos pero éstos...». Y apenas se está esbozando el camino hacia algo peor.
De cualquier manera, ni Zamora ni Elisa Carrió desde la izquierda deberían alarmarse mucho por el hermano Alberto Rodríguez Saá: hoy ya son mayoría los políticos que creen que no habrá elecciones en marzo, o sea, que se habrá cumplido el deseo radical. Por un lado, la ley de lemas para elegir presidente de la Nación ya es casi seguro que es impasable por inconstitucional en los tribunales de Justicia. Podría sobrevenir sólo como un proyecto de ley a tratarse en el Senado y luego en Diputados. Pero resultaría un amplio debate de resultado incierto sobre si sería sancionada. Los 11 gobernadores de provincias chicas, una de cuyas cabezas principales era Rodríguez Saá, ya han manifestado su preocupación por el inesperado giro populista-estatista-sindicalista y de izquierda que ha tomado el gobierno provisorio y la casi seguridad de que ahondará la crisis económica. Por eso piden ahora adelantar las elecciones al 15 de febrero. En el mejor de los casos los gobernadores apoyarían una elección normal, no con lemas, alarmados por el accionar de los hermanos Saá y hasta atemorizados de que pueda este rumbo afectar a todo el justicialismo en la medida en que se lo considere al provisoriato representativo. Carlos Reutemann es casi la única figura grande del PJ que no apoya a Rodríguez Saá y además está ofendido porque para intentar designar al santafesino Jorge Obeid como jefe de Gabinete del nuevo gobierno ni lo consultó Rodríguez Saá. El gobernador de Santa Fe es otro de los que creen que no habrá elección en marzo, con lemas o sin lemas, pero también se enfrenta con la duda de que este gobierno provisorio de Rodríguez Saá tampoco, como De la Rúa, pueda llegar a completar el período, especialmente por el desconocimiento de la gravedad de la crisis económica. Cómo serán los desaciertos en esta delicada área que hasta el Parlamento le exige el déficit cero para aprobarle el presupuesto 2002.
El radical renunciante De la Rúa tenía plafond político de arranque en 1999, un riesgopaís debajo de 1.000 puntos (hoy 5.500), una economía en crisis pero no terminal, una convertibilidad que funcionaba, un sistema cambiario libre, vencimientos de deuda apremiantes pero negociables, depositantes en libertad bancaria y encantados por ganar buenos intereses en dólares. Igual a los dos años le estalló el país en las manos pese a que no intentó cumplir el estatismo y repudio de deuda que pregonaba su socio, el Frepaso. Hoy el provisoriato de Rodríguez Saá tiene todas las variables en rojo e intenta cumplir un plan populista más utópico y grave que el original del Frepaso en 1999. Es comprensible que se piense que por este camino emprendido un nuevo estallido puede llegar antes, mucho antes, de los dos años que duró De la Rúa. Y los peronistas temen como a la peste alguna rebelión espontánea de masas, algo que no les ocurrió en su historia o cacerolazos como los de la muchedumbre espontánea del 19 de diciembre en Plaza de Mayo. Menos temen a los activistas porque muchos sindicalistas los aportaron para el vandalismo del día siguiente, el penoso 20 de diciembre. Además, los jerarcas gremiales saben que si ellos no los mandan, los activistas no actúan y si por su cuenta se lanzara la izquierda, esos mismos activistas los usarían como fuerza de choque. Como se ve, hasta la democracia puede ser jaqueada hoy en el país.
Carlos Menem no quiere volver a la Corte Suprema a pelear si De la Rúa, por propia voluntad de renunciante, cumplió un período o si lo dejó trunco y, entonces, él no podría ser candidato presidencial. Por tanto Menem tampoco quiere elecciones en marzo y que alguien -como sea y aunque sea grave- termine el período hasta el año 2003, donde sí podrá presentarse sin objeciones. Por eso Menem apoyaba la continuidad de De la Rúa o el plan original de acompañarlo con gobernadores fuertes del justicialismo para que llegara a ese año.
Obviamente a Rodríguez Saá tampoco le interesan las elecciones de marzo y hasta desea que la Justicia impugne la ley de lemas de la Asamblea Legislativa. También duda Ruckauf, que por cumplir menos de dos años de un período inconcluso, si fuera elegido, no podría hacerlo por los 4 años restantes o también tendría que ir a discutir a la Corte. Además Ruckauf no tiene forma de recomponer su imagen de aquí a marzo como imagina que podrá, si un bono nuevo o «tercera moneda» (tontamente llamada «argentino» cuando está destinada a depreciarse y ser de categoría inferior) lo salvara desde la Nación del rescate de millones de patacones en junio próximo; algo muy difícil que puede terminar de destrozar su figura.
El peronista que más apoya la ley de lemas para una elección en marzo y que ésta se realice es el cordobés José Manuel de la Sota. Aun con pérdida de adherentes esta semana por haber puesto en evidencia sus ambiciones, y se justifica porque precisamente inventó el sistema para evitar una interna del peronismo donde cree que si tuviera chance de ganar, la perdería con las tropelías en las urnas que le haría Eduardo Duhalde en la mitad del padrón partidario, que corresponde a la provincia de Buenos Aires. Por supuesto -como si le viniera de anillo al dedo y no precisamente para apoyar a De la Sota- apoyaría la elección de marzo con la ley que sea, Elisa Carrió. Quiere acaparar a la izquierda, a radicales y hasta sueña con público independiente, inclusive de derecha, desilusionado porque a un gobierno delarruista malo lo puede terminar sucediendo otro peor desde el provisoriato presidencial. La mala elección de la Carrió el 14 de octubre pasado la atribuyó a que ella no era candidata del ARI.
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