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A cambio de esa suspensión, el gobierno uruguayo reclama el final de los cortes de los puentes hacia ese país. Algo difícil de lograr, como se probó ayer cuando Alberto Fernández llamó a los activistas de Gualeguaychú pidiendo una pausa en la protesta aunque más no fuera por unas horas. No le hicieron caso.
Gonzalo Fernández quiso explorar la posibilidad de que desde las empresas se emita alguna señal que abra una instancia de negociación sobre la base del «ruego» de Kirchner. El colaborador de Vázquez se encontró con una negativa similar a la que ya había recibido hace 15 días, cuando planteó la misma hipótesis, tal como informó este diario. Sin embargo, ayer hubo un matiz: ya no le dijeron que había que descartar de plano una interrupción de los trabajos. Tanto desde la española ENCE como desde la finesa Botnia le contestaron a Fernández con otro problema. ¿Cómo arriesgarse a una suspensión de la construcción de las fábricas sin que antes se negocien los criterios a seguir en materia ambiental? «Sería un salto al vacío», comentó a este diario, anoche, uno de los interlocutores del secretario uruguayo.
Es lógico que, desde la orilla argentina, Kirchner no piense dar un solo paso atrás sin que se cumpla ese gesto que reclamó en público. En otras palabras: al formular ese reclamo a Vázquez se puso un límite explícito respecto de su capacidad para disuadir a los ambientalistas y vecinos de Entre Ríos a cortar los puentes internacionales. Esta intransigencia comenzó, para la evaluación oficial, a dar algunos frutos concretos. En la Casa Rosada están seguros de que las empresas comenzaron a admitir, «in extremis», una suspensión acordada por los problemas que les está ocasionando el bloqueo de los puentes para la provisión de materiales. Esto vale especialmente para el caso de Botnia, que es la que comenzó los trabajos más recientemente.
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