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Falta les hace: justamente hoy la administración lanzará su empresa energética, cada día más ambiciosa (ya hablan de holding). Además, Shell rompió ayer el acuerdo de precios de los combustibles, que se venía sosteniendo a pesar del aumento del precio del petróleo. En ambas circunstancias, Kirchner necesitará de Cortina.
Aquel miércoles, en una conferencia de prensa que ofreció en la New School University de Nueva York, el mandatario había acusado a la compañía española de extorsionarlo y de «tapar los pozos» para especular con la escasez de gas y, de ese modo, conseguir una mejora en el precio.
Desde el momento en que Kirchner lanzó esa acusación, el ministro Julio De Vido -quien habla más con Cortina que con su propio jefe-comenzó a hacer gestiones para volver la relación a su curso habitual. La primera excusa tuvo que ver con el contexto emocional del orador: una periodista chilena le acababa de preguntar al Presidente a qué seguridad jurídica se refería en sus discursos, si se tiene en cuenta el caso de violación a todos los acuerdos con Chile. Al parecer, a Kirchner lo enfureció la pregunta.
El propio Kirchner, ya en Washington, empezó a dar algunas explicaciones.
Sobre todo cuando se dio cuenta del efecto que rápidamente tendrían sus palabras: dos causas judiciales se iniciaron el jueves pasado para que se indague de qué tipo de extorsión hablaba el mandatario. «Lo de los pozos me lo dijo ( Daniel) Cameron», se justificó el Presidente, una y otra vez, delante de cada uno de los interlocutores que se referían al entredicho durante el regreso desde los Estados Unidos a Buenos Aires. Cameron, al mismo tiempo, negó a sus íntimos haber dado esa información, por otra parte bastante fácil de verificar o refutar.
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